El teatro de Alcañiz albergó este fin de semana la X edición del concurso Jóvenes Promesas del Violoncello «Jaime Dobato Benavente», que reunió en la capital bajoaragonesa a 35 futuros maestros de este instrumento llegados de toda España. Muchos de ellos no superan la mayoría de edad e incluso algunos ni siquiera han empezado el instituto pero todos tienen algo en común pese a su juventud: su pasión por el celo y una destreza extraordinaria a la hora de tocarlo.
Divididos en cuatro categorías según su edad, los contendientes dieron lo mejor de sí en las eliminatorias del sábado y en la gran final del domingo. Los asistentes coincidieron en la misma impresión: la magnífica calidad de los participantes. «Aunque ya llevamos diez años, siempre sorprende el altísimo nivel de los chicos cuando tocan. Traen piezas muy preparadas e impresionan favorablemente», destacó Vicente Dobato, presidente de la asociación Cabriante (organizadora del certamen).
Respecto a los ganadores, en categoría D se impuso con apenas 10 años Abel Gómez Antequera, de La Eliana (Valencia); en categoría C Guillermo Escribano, de 13 años y llegado desde Mérida; en categoría B David Rebull, quinceañero de Amposta; y en categoría A Sofía Egea, natural de Toledo y de 19 años. Asimismo, el premio a joven promesa aragonesa recayó en Claudia Moliner, de Utebo. Como nota curiosa merece la pena destacar el caso de Sofía Egea, que ha ido creciendo a la par que el concurso y acumula en su haber victorias en todas las categorías.

Aunque solo cuatro sean nombrados ganadores el nivel colectivo roza la excelencia; de hecho, muchos de los participantes acaban dedicándose profesionalmente al violoncello. «Los 365 días del año dedican una, dos o tres horas a ensayar con el instrumento estén donde estén, sin importar si son fiestas o vacaciones. Esa práctica sumada a ciertas dotes innatas y a la afición desde pequeños dan este resultado», explicó el presidente de Cabriante.
Al margen del concurso como tal, el sábado se recuperó tras un año de ausencia la actividad conocida como «música a cello abierto», en la que varios participantes deleitaron a los viandantes de la calle Alejandre tocando su instrumento a final de tarde. Se trata de una forma de acercar el celo al público general que, además, permite a los jóvenes salirse del academicismo del certamen e interpretar piezas en un tono informal y distendido.

Cabe destacar que el concurso Jóvenes Promesas del Violoncello «Jaime Dobato Benavente» y Cabriante ampliarán su rango de actuación a partir del próximo año. A la música se unirá otra disciplina cultural como la pintura y cada año habrá exposiciones de artistas emergentes.







