La gran hoguera ha sido la protagonista de un puente largo y lleno de actividad en Jatiel, una localidad a la que sus descendientes siempre regresan por más generaciones que pasen. Toda la ayuda es necesaria y el sábado quedó patente a la hora de salir al monte a por leña y montar la gran montaña que ardió por la noche prendiendo una traca, un método que ya es sello jatielino desde hace no muchos años. La hoguera quedó colocada tras la llegada de tres remolques cargados con material y con vecinos de todas las edades porque los pequeños también van tomando el relevo.
Durante el montaje se leyó el pregón desde el balcón del ayuntamiento, una tarea de la que esta vez se encargaron las chicas de la peña ‘Las sinvergüenzas’ antes del lanzamiento del chupinazo a las seis de la tarde. Se dirigieron a los «jatielinos de corazón» a quienes desearon unas felices fiestas, que en el pueblo son sinónimo de "tradición, historia, fe y devoción". Suponen unas fechas en las que "Jatiel y su gente vuelven a latir como nunca porque sabemos honrar a quienes tenemos que honrar". Animaron a lucir orgullo, con un "que se note que somos de Aragón, donde se canta con el corazón y se baila con el alma"; y presumieron de ser "un pueblo pequeño que durante las fiestas se hace gigante". Agradecieron la ayuda de todos, porque "en Jatiel todos tenemos un papel, sin la gente no habría fiestas", apuntaron.
Cuatro representantes de las jóvenes dieron la bienvenida a unos festejos que ya tuvieron la previa el viernes y que se alargaron hasta el lunes. Entre sesiones de baile, actuaciones infantiles, shows como el de la calandina Irene Lamiel y sus canciones, y ratos largos compartidos entre peñas y charanga, hubo también tiempo de honrar al santo. Se le dedicó una misa baturra y una procesión hasta su pilón a las afueras. Los restos de la hoguera ya quemada sirvieron de lugar para cocinar cenas a las brasas y para calentar las noches.














