Se sienta, cierra los ojos, respira hondo, se masajea las manos y arranca. A partir de ahí, quien coge aire es quien tiene la suerte de escuchar cómo toca el piano porque no causa indiferencia. Jonás Clavería Clavería (Alcañiz, 2007) sale sin partituras porque toca de oído. Interpreta música clásica, flamenco, alabanzas que aprende en el culto, y lo que le echen. Ahora se ha marcado el reto de tocar ‘La Campanella’ de Liszt, considerada una de las piezas clásicas más complejas y difíciles. Se lo ha propuesto María Pilar Justes, su profesora en la Escuela Municipal de Música y Danza de Alcañiz en la que toma una clase por semana desde el 18 de marzo de 2021. Hasta entonces, había adquirido todos sus conocimientos de manera autodidacta y con el apoyo de su tía, que le enseñó algunos acordes. Para tocar una canción, le basta con escucharla. A veces necesita varias pasadas, pero en otras ocasiones le basta con dos o, incluso, una y mientras la oye ya la va tocando en el piano. «Ha sido un proceso, porque empecé sin saber nada, pero practicando mucho fui avanzando», dice.
Lo dice con una mezcla de tremenda humildad y de escepticismo ante el revuelo que causa cuando toca. Él lo vive de forma natural porque está en su naturaleza. Como todo Clavería de Alcañiz, vive rodeado de música. Desde que supo dar palmadas empezó con la percusión, igual que su padre, que además le fabricó un cajón, aunque tiró más por los timbales. «Se me daba bien, pero la guitarra, no», ríe. Eso lo dice porque toca «normal» pero no terminan de salirle los estilos que le gustan como las bulerías, por ejemplo. «Era muy pequeño y ni me llegaban bien los dedos», apunta. Lo aparcó, y la frustración que le produjo aquello se esfumó cuando entró por la puerta el primer teclado que tocó. Era uno electrónico, pequeño y muy viejo que se encontró su padre, que pensó en su hijo y no se equivocó. Lo comenzó a trastear y al final sacó música. Lo primero que probó fue una canción que le gusta de DJ Marshmello y siguió. Fue descubriendo la música clásica, un mundo en el que no se había adentrado. «Nunca me había gustado pero conecté, fui probando, se me daba bien y empezó a gustarme», sonríe. Sus padres le compraron un teclado y con el tiempo, otro más grande para que siguiera dando rienda suelta a su talento.
Lo siguiente, y conscientes de que con el talento no basta, fue dar el paso en encontrar clases. Acudieron primero al conservatorio, donde le esperaban las partituras y prefirió seguir buscando. Encontró la Escuela Municipal de Música y Danza en el Liceo y fue a preguntar con su familia. Les recibió María Pilar Justes, que antes de terminar de recoger un piano tras una actuación, invitó a Jonás a tocar. «Fue algo impresionante… y era un niño. Pero no volvió hasta el año siguiente, concretamente hasta el 18 de marzo de 2021», recuerda ella. Su carta de presentación fue una interpretación de ‘River Flows in You’, de Yiruma, pasó al flamenco con ‘Orobroy’ y se metió con la música clásica con ‘Fantaisie Impromptu’, ‘El nocturno’ y ‘La Primavera’, de Chopin. Dice que su madre le ayuda y le sugiere canciones. Todas las toca de oído, por lo que para Justes, un alumno como Jonás supuso un reto y se adaptó a él. «Estuve dos semanas enterándome de cómo estudiaba y empecé a venir a clase con la tablet porque me dijo que aprendía con Youtube», dice. Comprobó cómo la canción que escuchaba en el vídeo, la tocaba según la partitura. «Él toca y yo voy leyendo la partitura y no se deja ni una nota. Tiene oído absoluto y no es la única persona que me he encontrado así, pero su peculiaridad es que no sabe nada de lenguaje musical», reflexiona la profesora.
Justes ha visto a gente emocionarse escuchando a Jonás en una audición en el Liceo. Ella le va corrigiendo, matizando y guiando. También fue testigo y su preparadora para que saliese delante de cientos de personas a tocar dos piezas la noche de la presentación de las Reinas de las Fiestas de Alcañiz este septiembre. Resopla Jonás cuando piensa en lo que supone para él ponerse delante de tanta gente, aunque dice una vez en el escenario disfrutó. «Lo paso mal y al principio lo pasaba mal incluso tocando delante de mis padres», reconoce. «El día del pregón de las fiestas lo pasé mal esperando, pero luego me relajé y fue bien. Y que te aplauda tanto público y gente importante que había en las primeras filas… Eso me gustó mucho», recuerda. Va cogiendo tablas porque de la mano de su profesora ha salido a actuar a audiciones y ha participado en el Talent Festival de la Comarca del Bajo Aragón durante tres ediciones y la cuarta, que será en noviembre en Torrecilla (previsiblemente el día 16 a partir de las 17.00). También ha salido de gira con este certamen y ahora se va a preparar para optar a la siguiente. Además, colabora con el grupo de danza que dirige Laura Egea en la escuela. Este viernes tocó en el Teatro Municipal en los XII Premios del Trabajo Social.
Además de ‘La Campanella’, ir metiéndose en el lenguaje musical es un reto y una cuenta pendiente que sigue ahí. Lo compagina todo con el módulo de carpintería en la escuela de adultos y es consciente de que todo tiene que salir, porque además, dice que le gustaría ser profesor de piano. «Tengo a mis padres encima para que me saque los estudios y siga con el piano, y a los profesores también… En ello estoy, ojalá…», sonríe. Tiene la agilidad para improvisar en directo y también compone sus canciones en casa donde toca un rato y lo que le apetece. «Mezclo cosas y me salen canciones que suenan a bandas sonoras», ríe. Esta misma destreza y capacidad de invención la aplica al dibujo, algo que también hace desde pequeño. A sus 18 años, dice que esta es la clave: «me divierto, me gusta mucho, y es la clave. Si no noto la canción de verdad no la sé hacer, tiene que gustarme mucho para saber tocarla», concluye.






