El Bajo Aragón Histórico muestra signos de cambio poblacional desde la pandemia del covid. Desde 2020, la mitad de los municipios ganan población o se mantienen. Casi medio centenar de municipios del territorio presentan crecimiento o estabilidad demográfica, un dato que contrasta con la tendencia regresiva observada en décadas anteriores.
Esta querencia, acrecentada desde el covid por el auge del teletrabajo y la valoración de los grandes espacios y la naturaleza, no es homogénea en todo el territorio bajoaragonés aunque sí mayoritaria. Así se constata en el análisis de los datos del padrón publicados por el INE, los últimos, de 2025.
Acotando más la comparativa a los dos últimos años publicados, 2025 y 2024, se confirma la tendencia. No obstante, con un ligero descenso. El número de localidades que crecen son prácticamente las mismas que descienden en población situando al territorio en un equilibrio demográfico.
Alcañiz, a la cabeza
El caso más destacado es el de Alcañiz. La capital del Bajo Aragón Histórico pasa de 16.006 habitantes en 2020 a 16.505 en 2025, lo que supone un aumento de 499 personas (+3,12%). Este crecimiento consolida su papel como cabecera comarcal y polo de atracción de población -principalmente de localidades de alrededor- gracias a su oferta de servicios, empleo y actividad económica. Comparando el último año la variación es también positiva con 258 habitantes más que en 2024. Desde el Consistorio buscan la atracción de nuevas empresas y consolidar la ampliación de las que ya están asentadas como Oxaquim o GB Foods. «Estamos trabajando para favorecer la llegada de empresas para que se cree empleo y arraigo», afirma Miguel Ángel Estevan, alcalde de Alcañiz.
Cabeceras comarcales que crecen
Junto a la capital del Bajo Aragón, otras cabeceras de comarca también registran aumentos relevantes en los últimos cinco años en número aunque no tanto en porcentajes. Es el caso de Valderrobres, que suma 120 habitantes (+4,93%), Caspe (+ 339; 3,38%) o Utrillas, con un incremento de 63 personas (+2,10%). En la capital del Matarraña celebran la llegada de los pobladores. Superaron los 2.500 habitantes hace dos años y están inmersos en generar nuevas oportunidades en el turismo y en el ámbito industrial, con todas las parcelas del polígono vendidas. «Hay movimiento de empresas que quieren venir. Asfaltamos todo el recinto para que la circulación no fuera un problema», explica Carlos Boné, alcalde de Valderrobres.
Pueblos con crecimientos moderados pero consolidados
El crecimiento se extiende a numerosos pueblos con cifras que reflejan incrementos moderados pero consolidados que apuntan a cierta revitalización. Es el caso, por ejemplo, de Fayón (+68, +17,89%); Aguaviva (+46; +8,91%), Valdeltormo (+23; +8,19%), Fuentespalda (+23; +8,16%), Beceite (+41; +7,72%), Maella (+150, +7,47%), Urrea de Gaén (+28; +6,56%), Aliaga (+18; +5,52%) o La Puebla de Híjar (+36; +4,00%).
Este último lleva siete años consecutivos experimentando una subida en su censo y aspirar a lograr los 1.000 habitantes. Una cifra que en palabras de su alcalde, Pedro Bello, «supondría mayores ayudas y también demostrar el trabajo bien hecho».
Otros crecen también en servicios. Por ejemplo, Urrea ha abierto en el último año una peluquería y en Fayón una pareja de argentinos ha cogido la gerencia del bar de La Sociedad. «Nos alegramos mucho de que jóvenes apuesten por abrir servicios», explica Silvia Blasco, alcaldesa de Urrea. Por su parte, el primer edil fayonense insiste en «la importancia de apostar por la creación de vivienda para fijar población».
En Maella, el teletrabajo también ha ayudado. «Valoramos de forma muy positiva que vengan a vivir aquí. Tratamos de ofrecer las máximas oportunidades», defiende su alcaldesa, Mireia Bondía.
Esperanza para los más pequeños
El crecimiento es especialmente llamativo en municipios muy pequeños, donde variaciones de apenas unos pocos habitantes generan fuertes porcentajes de crecimiento. Es el caso de Ráfales (+10; +7,19%), Bordón (+11; +10,48%), Segura de los Baños, que pasa de 41 a 55 habitantes (+34,15%), o Salcedillo, con un aumento del 27,27% (de 11 a 14 habitantes). También destacan La Cuba (+23,26%) y Jatiel (+23,08%).
Junto a los que crecen, también hay municipios que mantienen exactamente su población. Es el caso de Fabara, Cantavieja, Cañada Vellida, Josa y Seno, todos ellos con variación cero entre 2020 y 2025. Además, otras localidades como Castelserás (+4; +0,50%), Cretas (+5; +0,90%) o Híjar (+12; +0,68%) presentan una estabilidad práctica, con cambios mínimos.
Andorra, la otra cara de la moneda
La otra cara de la moneda en estos últimos cinco años con datos para analizar en el INE es Andorra. La segunda localidad del Bajo Aragón Histórico y la tercera de la provincia de Teruel pasa de 7.345 habitantes en 2020 a unos 7.223 en 2025, lo que supone una pérdida de 122 personas (–1,66%). Se trata del descenso más elevado en términos absolutos de todo el ámbito analizado y refleja el impacto del cierre de la Central Térmica de Andorra y la falta de proyectos de reindustrialización que se perdieron con el fin de la minería. En el último año la curva de descenso es más ligera, de 7.258 a 7.223 personas (–35; –0,48%).
Por detrás se sitúan otras localidades mineras. En Ariño la población desciende en 109 habitantes (–15%) en el último lustro, situándose en torno a los 605 residentes en 2025 frente a los 714 de hace cinco años. Otros municipios ligados al carbón también pierden empadronados en los últimos años en términos generales: Albalate (-36, -1,83%) y Montalbán (-83, -6.67%).
Otra localidad cercana, Calanda, registra una caída de 77 habitantes (–2%), pasando de unos 3.822 a 3.745 vecinos si se compara 2025 respecto a 2020. No obstante, ya se ha recuperado y en el último año computado por el INE la cifra es positiva al subir de 3.678 a 3.745 empadronados (+67; +1,82%). «Vemos que falta mano de obra y estamos inmersos en un proyecto para buscar personas que quieran venir a vivir al pueblo. Estamos en contacto con 100 familias», valora Alberto Herrero, alcalde de Calanda.
Junto a estos tres casos, otros municipios presentan también descensos significativos en los últimos cinco años, aunque de menor magnitud. Es el caso de Castellote, que pierde 50 habitantes (–7%), o Alacón, con una reducción de 46 vecinos (–18%), lo que supone una caída especialmente intensa en términos relativos.
También destacan Albalate, con una pérdida de 44 habitantes (–2%), y municipios como Alloza y Valdealgorfa, ambos con descensos de 40 personas (–7%). En este úlitmo el impulso de programas experienciales «ayuda a fijar población», en palabras de su alcaldesa, Marta Sancho.









