Al ritmo de La Deluxe han pasado sus noches cantando y bailando andorranos y no andorranos. La banda de versiones de rock sigue activa y con la misma vitalidad desde hace décadas. Incluso más. «Estamos en un momento muy feliz», avanza Ernesto López. Es uno de sus rostros y uno de los responsables del ritmo que marca con su bajo, aunque no es el único instrumento que toca y con el que le gusta trastear.
«Como dice el dicho, soy aprendiz de muchas cosas pero experto ni maestro de ninguna. Siempre me ha gustado mucho probar y aprender más instrumentos y también todo lo que tiene que ver con el sonido, que es lo que más me gusta», explica. Y lo cuenta en su guarida, donde pasa las horas rodeado de teclados, guitarras, laúdes, pies de micro y mesas de mezclas. Forman parte de una decoración activa de un espacio en el que pierde la noción del tiempo entre lo que él dice «ocurrencias».
Nació en Zaragoza en el 62 y se crió en Escatrón, donde aprendió los primeros acordes. «Gateaba y ya me llamaba la atención una guitarra que tenía mi padre en casa, pero que nunca se la vi tocar», dice. Sí que recuerda a su progenitor cantando jotas, especialmente en las celebraciones. «Me mandó a aprender guitarra con el médico del pueblo, que era el que sabía también laúd y bandurria», añade.
En el seminario con los pasionistas se le abrió el horizonte y por primera vez entró en contacto con baterías o teclados, instrumentos que nunca había visto de cerca. Reconoce con orgullo que su origen es la música popular. El suyo y el de los demás hasta que a finales de los años 50 el país empezó a experimentar cambios. «Fue en todos los ámbitos, y también en el musical hubo movimientos», explica. «Pasamos de la música clásica popular a absorber otros géneros de otras partes del mundo, ya nos llega música muy filtrada; y en los años 60 llega la revolución, un movimiento que me encuentra en mi plena juventud».
Esos cambios empezaron a llegar en parte por la presencia de la Base Aérea Americana de Zaragoza, lo que hizo que en la ciudad y pueblos aledaños se escuchara a Elvis o los Rolling Stones antes que en otros lugares. «Llegaron discos que en muchos casos ni se publicitaban en la radio ni eran fáciles de encontrar en otras partes de España porque eran directamente importados de Estados Unidos», añade.
La crisis de vocación que sufre en su adolescencia le hace decidir que no será sacerdote y con 14 años sale del seminario y llega a Andorra, donde está destinado su padre. Ernesto tiene que decidir y decide quedarse en la villa minera que entonces era un hervidero con la Térmica en marcha «y mucha fiesta», además de «mucha cultura, en parte, por los Salesianos, que tenían los recursos musicales».
Nada más llegar a Andorra a sus 14 años, contactó con una serie de personas a las que sigue unido. Por eso, La Deluxe sigue muy viva y actuando allá donde son requeridos y donde ellos deciden ir. «Por eso digo que estamos en un momento feliz, porque estamos en un momento vital en el que decidimos qué hacemos y cómo», apunta. Dice que es el proyecto del que está más orgulloso porque siguen juntos en una banda que les da «mucha vidilla».
Antes de la formación actual de La Deluxe hubo una orquesta que llegó a crecer hasta once miembros y una furgoneta con la que hacer giras; un trío de bodas, bautizos y comuniones, el grupo Fenómenos Extraños y también formó parte de Acolla en sus inicios, cuando contactaron con él al llegar a Andorra entre 1978-79 porque necesitaban un bajista. Más tarde llegó la banda La Deluxe con Emilio y Carlos en 2004 y un sonido todavía orquestero. «No tengo nada en contra de eso porque yo toda la vida seré orquestero, pero entonces buscábamos otra cosa», argumenta. La historia de Ernesto y de La Deluxe está recogida en un documental dirigido por el también andorrano Roberto Morote.
El cambio al camino actual
El giro lo dieron con la incorporación de su hijo Sergio al trombón, y Macario al teclado. Son músicos de formación y el grupo cambia de forma radical. «Entran otros recursos sonoros y otra técnica y pasamos de hacer el simple rock de garaje a tener una plasticidad, y cambiamos a un repertorio con grandes obras de los clásicos de los años 60, 70, 80, rock sinfónico y reconocido y es lo que seguimos tocando. Lo hacemos porque nos gusta y porque nos sigue un público al que le sigue gustando. No hablo solo de gente que peina canas, sino que cada vez más jóvenes se enganchan a esto».
El reto ahora es mantener todo esto vivo. Porque es la pasión lo que los mantiene vivos y con muchos proyectos en los que pensar y dar a la cabeza. No somos de hacer muchos bolos, pero la inquietud de ensayar nos mantiene activos, nos alimenta.








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¡Salud, amigo!
Siempre que puedo voy a verlos. Me encanta el tipo de música que tocan