«Trabajar como médica en el medio rural me permite conciliar y dedicar el tiempo que verdaderamente merecen los pacientes». Así define María Escorihuela, natural de Alcañiz, su día a día en el consultorio de Mazaleón. Y es que después de formarse y trabajar en Zaragoza, la profesional decidió regresar al territorio para ejercer su profesión en un lugar donde verdaderamente puede ser médica de familia al 100%. «No quiero enfrentar la medicina urbana con la rural. Estoy orgullosa de la formación que obtuve en la capital y no la cambiaría, pero me he dado cuenta de que trabajar en el medio rural era lo que necesitaba», defiende.
Para Escorihuela, que también es la coordinadora del grupo de medicina rural de la Sociedad Aragonesa de Medicina Familiar y Comunitaria, el cambio fue notable desde que llegó. En la ciudad, cuenta, tenía consultas de hasta 40 pacientes, y el tiempo que podía dedicarles era limitado. Además, los contratos eran de días sueltos, y cambiando de consulta cada semana, lo que impedía conocer a quién llegaba a su consulta con detenimiento. «No me sentía médico de familia en esas circunstancias. Incluso empecé a tener un poco de inseguridad. Veía que trabajando a esa velocidad podía equivocarme», recuerda.
El punto de inflexión para terminar apostando por lo rural llegó cuando se quedó embarazada. «Si además tenía una urgencia o un aviso, acababa agotada mentalmente y físicamente. Cuando me quedé embarazada me di cuenta de que no podría ejercer la maternidad como quería bajo esas condiciones, y por eso decidimos regresar a Alcañiz junto a mi marido», cuenta.
El objetivo era probar a ejercer en un lugar donde el cupo de pacientes fuera más pequeño para dedicarles el tiempo que realmente quería, así como intentar conseguir esa conciliación. Y así lo consiguió primero en los consultorios de La Portellada, Ráfales y Fórnoles, donde estuvo durante nueve meses, y posteriormente en el de Mazaleón, donde trabaja a día de hoy.
Viaja hasta allí cada día desde Alcañiz, todo para ejercer con un equipo de compañeros constante, y condiciones mucho más flexibles. «Antes de volver llegué a plantearme hacer de nuevo el MIR, o incluso, durante el punto más crítico, dejar la medicina. El medio rural me ha permitido reencontrarme con la enseñanza que en su día me dio mi tutora, y en la que podía dedicarme íntegramente a los pacientes», reconoce.
Pese a su situación favorable, Escorihuela también siente preocupación por la falta de facultativos generalizada que sigue sufriendo el medio rural. Frente a ello, cree que fomentar la formación de los profesionales en el medio rural es fundamental. «Es súper importante que el rotatorio sea obligatorio y que además sea en un medio rural de verdad, no en el pueblo de al lado de la gran ciudad. Se está formando a mucha gente con opciones laborales muy limitadas y de muy poca calidad en urbano y hay muchísima oferta rural», aclara Escorihuela.
Además, también reclama un mayor cuidado hacia los profesionales que ya están ejerciendo en los pueblos. Más remuneraciones o facilitar el acceso a formaciones telemáticas son algunas las líneas por las que empezar, apunta. «El hecho de tener que asumir las urgencias en escenarios a veces de riesgo, porque pasamos muchas horas solos en consulta, es otra de las cosas que se tendrían que tener en cuenta. (…) Estamos a tiempo de revertir esta situación, pero todavía se debe trabajar por hacer atractivos los puestos con, por ejemplo, flexibilización de jornadas, redistribución de los cupos y los puntos de atención en urgencias…», añade.
El papel del médico de familia
En su caso, la alcañizana eligió la Medicina Familiar como primera opción, aunque reconoce que la especialidad sufre un cierto desprestigio actual que también puede afectar a esa pérdida de médicos en el medio rural. Existen estudios que afirman que contar con el mismo médico de familia durante años disminuye la mortalidad y los ingresos, según destaca Escorihuela. No obstante, «hablamos de beneficios que no se han sabido potenciar desde ninguna esfera». «No nos damos la importancia que tenemos ni confiamos en nuestra capacidad para resolver las cosas. Es cierto que nuestra calidad de vida es diferente frente a otras especialidades, con muchas guardias en sitios rurales o remotos. Pero hay evidencia sobre lo importante que es nuestro papel, y tenemos que empezar trabajar para defenderlo», afirma.
En su caso particular, lo hace a través de un blog en el que cuenta sus vivencias bajo el nombre 'Diario de una médica rural' (diariodeunamedicarural.blogspot.com), todo ello acompañado de unas ilustraciones diseñadas igualmente por ella misma. «Lo empecé mientras me formaba para reflexionar sobre lo que aprendía sobre los pacientes y compañeros», explica.
En muchas de las publicaciones prevalece lo que para Escorihuela sigue siendo lo mejor de la medicina rural, y aquello por lo que, por lo menos durante unos años, le hace quedarse aquí: la cercanía. «Poder haber acompañado a varios de mis pacientes en cuidados paliativos en el momento de su muerte, o dedicar tiempo a aquellos vecinos que lo necesitan, sobre todo en temas de salud mental…Para mí sigue siendo una experiencia bestial. He ganado en calidad de trabajo gracias a ello», defiende la profesional. «Y por supuesto volver a uno de los pueblos donde ejercías y que la gente te reciba con cariño y te reconozca por la calle. Esa cercanía y ese llegar a la gente es maravilloso».









Gracias, María por tu elección profesional y personal; y por haber contado tu experiencia. Seguro que ayudará a otros profesionales en sus decisiones .
Gracias por elegir Mazaleon una profesional con vocación que es lo que hace falta