Para llegar al lugar de los hechos bastaba con seguir a quienes cruzaban el puente con buen paso y camisetas coloridas. Gorras, mochilas y bolsas completaban el atuendo. Muchos hicieron el trayecto en coche, que dejaron bien colocado y ordenado en las áreas preparadas para este cometido. Las columnas de humo, una junto a otra y así hasta más de 70, indicaban que ese era el lugar en el que se estaba cocinando algo grande. La Sartanè de Maella es grande y cada vez lo es más gracias a la colaboración de miles de personas tanto en la organización como en la participación.
"Este es el día más importante en Maella, más que fiestas. En la Sartanè es donde nos juntamos todos", decían. Este sentir lo repetían como un mantra en una cuadrilla y en otra y en otra y en otra... En todas. "Lo que más nos preguntan durante el año es cuándo va a ser la Sartanè, así que, te puedes hacer una idea de la importancia", decía la presidenta y secretaria de la comisión, Virginia Rufín, desde donde valoraron esta edición como una de las más multitudinarias. Según los cálculos, entre las 71 cuadrillas a concurso y los grupos que fueron por su cuenta a disfrutar de la sartanè comunitaria que se preparó para 500 raciones, la fiesta reunió a unas 2.200 personas. "Seguimos creciendo en el censo y ya estamos en 2.250, por lo que aquí es como si estuviéramos reunido todo el pueblo", dijo la alcaldesa, Elena Bondía, que recordó que la fiesta es de interés turístico de Aragón, y que la aspiración es "conseguir el reconocimiento a nivel estatal".
Solo puede quedar un plato ganador, y este año hubo unanimidad en que este fuera el cocinado por Joaquín Lacueva con la ayuda de sus amigos de la peña De Tot, que no se creía que hubieran dicho su nombre tras comer y antes del inicio de la orquesta en la sobremesa. "No me lo esperaba. Lo importante es que esté buena y pasemos un buen día, pero si ganas pues es un orgullo muy grande", decía al bajar del escenario rodeado de sus amigos con la cesta de productos que compartirán juntos en el local, y con el diploma y el trofeo que todos los años fabrica José Luis Liarte como ya hiciera su padre. "Murió y seguí yo con la encomienda, es un día bonito", dijo. También es el presidente del jurado, y admitió que este año hubo acuerdo rápido. "Siempre cuesta y esta vez también, pero menos, enseguida ha estado claro por parte de los miembros del jurado a medida que íbamos probando", apuntó y celebró que el jurado sea tan entregado que quiera repetir para años futuros.
Un sábado radiante
Comentado fue el sol, porque el año pasado se dejó ver poco. "No llueve", repetían como otro mantra una cuadrilla tras otra. Y es que 2025 dejó huella, porque el agua dejó disfrutar solo hasta después de comer, y en cuanto se entregó el premio, comenzó a llover con una fuerza muy intensa. "La orquesta que tenemos es la misma que el año pasado pero no sabemos si cantan bien o mal, porque el año pasado apenas la catamos", bromeaba una de las voluntarias terminando de repartir los últimos platos en la comida comunitaria. Parece que mal no se les daba a los músicos porque allí, con el sol apretando, la gente se puso en pie y se lo bailó todo, porque una vez entregado el premio era ya lo único que había que hacer: dejarse llevar.
Las recetas de los abuelos
La esencia de la Sartanè es la unión generacional y alguno la definió como una "fiesta humana", porque es llegar al lugar y reencontrarse con unos y con otros y cargar la batería vital para todo el año. Las cuadrillas que se presentan son de mayores veteranos, de medianos y de jóvenes e incluso preadolescentes. "Tiene que hacer chup-chup el caldo", decía Román, un jovencísimo cocinero que iba haciendo según le había dicho su abuelo, lo mismo que sus amigos, y tenía muy interiorizado que el sofrito es clave. "Los padres están con sus cuadrillas y vienen a ver cómo vamos", sonreían mirando con orgullo su plato en pleno cocinado al fuego. Ganen o no, será la comida de la cuadrilla.
A unos metros de allí, bajo una sombrilla que habían tenido la previsión de llevar, descansaba un momento otro de los chefs veteranos. "Son muchos años viniendo, el sol pega", reía. Vigilaba y daba vueltas al plato que ya comían los maellanos hace muchos años atrás. "Cuando iban al campo era el guiso que hacían con lo que tenían y lo compartían entre todos. Lleva carne, un poco de arroz, que tiene que quedar caldoso... Hay quien le pone verdura, pero lo importante es el sofrito, que quede bien", añadió. "Un plato tan nuestro y tan sencillo ha dado lugar a esta fiesta que es impresionante, y lo es gracias a todo el mundo que cada año está aquí", apuntó la alcaldesa.























































