Un proyecto de innovación aplicada con epicentro en el Matarraña busca dar un vuelco al destino de la lana ovina, hasta ahora considerada un subproducto sin valor. La iniciativa, promovida desde el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), apuesta por su aprovechamiento como materia prima útil en sectores como el aislamiento térmico, la agricultura regenerativa o la bioconstrucción y se ha mostrado en todo su esplendor en la II Feria de la Lana de Arens de Lledó, celebrada este fin de semana, con una gran afluencia de público y de profesionales llegados de, prácticamente, todo el territorio nacional, incluyendo las Islas Baleares.
«El objetivo es que este tipo de iniciativas lleguen al territorio y generen empleo, no solo conocimiento», afirma Blanca Abril, técnica del CITA y coordinadora del proyecto. La propuesta responde a un diagnóstico compartido: la necesidad de diversificar la economía en zonas con alta presencia ganadera y escasa transformación local de sus productos.
Durante décadas, la lana ha sido considerada un residuo más que un recurso. El coste de su esquileo supera en muchos casos el precio de venta, lo que lleva a muchas explotaciones a acumularla o incluso desecharla. La propuesta investigadora plantea una revalorización integral. «Queremos demostrar que la lana puede tener múltiples usos si se articula bien la cadena de valor desde el territorio», subraya Abril.
El proyecto busca además fomentar la limpieza de la lana in situ, su clasificación por calidad y el impulso de pequeños centros de transformación. «No se trata de crear una industria enorme, sino de activar microprocesos sostenibles y conectados con lo local», añade la técnica.
Apoyo desde el ámbito local
El alcalde de Arens, Xavier Cortés, ha destacado el potencial de esta iniciativa como palanca frente a la despoblación: «Cada vez cuesta más mantener población porque no hay salidas profesionales. Si somos capaces de aprovechar lo que tenemos, podremos revertir esa tendencia».
El edil incidía, también, en la necesidad de fomentar la implicación social y empresarial: «No podemos esperar a que vengan soluciones de fuera. Esto solo funcionará si lo hacemos desde aquí, con gente de aquí».
Cortés se mostraba entusiasmado ante la gran afluencia de público y profesionales, que habían agotado las plazas para pernoctar en la población, teniéndose que distribuir en poblaciones cercanas, hecho que invita a pensar ya en la celebración de una tercera edición, ya que en la jornada técnica coincidieron algunas personas que ya estuvieron presentes en la anterior edición, con otras que venían por primera vez, poniendo en valor las propuestas realizadas en la pasada edición y aportando nuevas.
Aina Cañellas, presidenta de los Ganaderos de Oveja Roja Mallorquina, explicaba que el año pasado no pudieron acudir, pero que no estaban dispuestos a perderse esta cita y las próximas que puedan celebrarse, con la intención de aprender y aportar sus conocimientos, desde la perspectiva de 100 familias, que se encargan, generación tras generación, de preservar la Oveja Roja Mallorquina.
Aplicación industrial real
Uno de los casos prácticos lo representa Vitrolán, empresa con base en Aragón que ha logrado transformar lana bruta en material aislante ecológico para la construcción. Fernando Iturbe, responsable del proyecto, remarca la viabilidad de esta línea: «Hemos conseguido demostrar que con un tratamiento adecuado la lana tiene un comportamiento térmico excelente y totalmente competitivo frente a materiales sintéticos».
Desde su perspectiva, la clave está en «crear un modelo en el que ganaderos, industria y administración colaboren de forma real. El reto real es acceder a la financiación necesaria para crear una empresa, a poder ser en Teruel, capaz de producir la cantidad suficiente de paneles de lana vitrificada, que pueda demandar el mercado y es ahí donde se centra la lucha de Fernando Iturbe en estos momentos, en los que, según sus palabras, desde otras partes de Europa, empiezan a interesarse mucho por este producto.
La lana, históricamente símbolo de una economía pastoril que languidece, podría convertirse ahora en emblema de una transición rural con sello propio. «Lo importante no es solo reciclar un material, sino activar una cultura de aprovechamiento y cooperación en nuestros pueblos», resume Cortés.
















