Uno de los muchos puntos de interés que posee Belmonte de San José es su nevera. Se puede visitar durante todo el año tanto de forma guiada como de manera libre, y es una de las de mayor tamaño del territorio. El primer documento que se ha encontrado en el que aparece citada es de 1636 y estaba preparada para guardar unas 300 toneladas de hielo para abastecer a varias localidades. Está declarada Bien de Interés Cultural (BIC), fue la primera nevera en ser restaurada en el Bajo Aragón y forma parte de la ruta comarcal ‘Las bóvedas del frío’.
Sigue siendo un espacio vivo. Dispone de una pantalla en la que un renovado audiovisual explica de forma amena y animada cuál fue su función para, por ejemplo, ayudar a conservar alimentos; y también cómo era su forma de uso en épocas de grandes nevadas. Está excavada bajo tierra a las afueras del casco urbano, cientos de visitantes pasan por ella y conocen su historia durante el año, y esta primavera arrancó con unos muy especiales: los espectadores de Ecozine. El festival es un referente internacional del cine ambiental y ya el año pasado recaló en Belmonte en su expansión rural y, además, con masiva acogida. Entonces la sede fue la Casa Jardín Filou, y esta vez, con la coordinación de la casa liderada por Nele Vanparys, las proyecciones se trasladaron a la nevera.
La propuesta resultó atractiva desde el inicio porque pronto se agotaron las 63 plazas habilitadas, y hubo gente con ganas de más pero el aforo lo limita el espacio. Cabe destacar que el censo municipal apenas supera el centenar de vecinos, aunque la cifra se estira y encoge de forma constante cada fin de semana y, desde luego, en vacaciones. "Fue interesante ver la nevera llena de gente bien abrigada y sentada viendo las proyecciones que, además, también fueron muy interesantes", valora el alcalde, Alberto Bayod, que es además una de las personas que se encarga de realizar las visitas guiadas por el pueblo.
La impresión es compartida en Casa Filou, un centro creativo más que casa rural desde donde se inició la relación con Ecozine y se le dio continuidad en la nevera. De hecho, algunas actividades culturales que se han llevado a cabo en este espacio han tenido que ver con Filou y las residencias de artistas que se han llevado a cabo.
El festival es un referente internacional del cine ambiental que continúa acercando la reflexión ecológica al territorio a través de su sección Ecozine Rural, una iniciativa que lleva el cine comprometido con el medio ambiente a pequeñas localidades. Esta propuesta busca no solo difundir obras audiovisuales de calidad, sino también generar espacios de encuentro y sensibilización en torno a los retos ecológicos actuales, conectando cultura, territorio y sostenibilidad.

V Ecozine Rural en Valderrobres y II en Belmonte de San José
La 19ª edición celebrada durante varios días de abril, tuvo en la Filmoteca de Zaragoza su sede principal, y por allí se proyectaron cerca de 40 títulos entre cortos y largometrajes de la Sección Oficial Competitiva. La programación paralela del certamen es amplia con la sección Rural, además de la Sección Jóvenes CooperART, Ecozine Youth Film Festival, Ecozine en Familia, Cine y Agua y Enfocados. El festival forma parte de la Green Film Network y de Arafilmfest, y se extiende a diversos espacios. Su itinerancia se amplía a Pamplona, Huesca, Aranda de Moncayo, Valderrobres, Belmonte de San José o L’Eliana.
En este contexto, como recuerdan desde la organización, las comarcas de Matarraña y Bajo Aragón han acogido la V edición de Ecozine Rural en Valderrobres, y la II en Belmonte de San José respectivamente. Lo han hecho "consolidando una cita ya esperada por el público local". La programación arrancó en la Casa de Cultura de Valderrobres con la proyección del largometraje ‘Una canción para mi tierra’, una de las obras premiadas en la pasada edición del festival. Más de 80 personas se reunieron para disfrutar de esta propuesta cinematográfica que combina emoción, denuncia y arraigo dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta, se sitúa en un entorno rural argentino y sigue a Ramiro Lezcano, un maestro de música que descubre una preocupante realidad: las fumigaciones agrícolas cerca de las escuelas ponen en riesgo la salud de sus alumnos.
La programación continuó en Belmonte de San José, en un escenario tan singular como la nevera del siglo XVII, en una sesión coorganizada por Casa-jardín Filou (Instagram: @planeta_filou), sede de la proyección en 2025. A pesar de una tarde marcada por la lluvia, el espacio se llenó de público —bien abrigado— para disfrutar de una cuidada selección de nueve cortometrajes de temática ambiental.
Entre lo que se proyectó en Belmonte destacó 'Comment j’ai basculé', un falso documental canadiense que, con tono irónico, cuestiona el llamado «capitalismo verde» y plantea si el verdadero extremismo reside en nuestro modelo dominante. Desde España, ‘En el nombre de las flores’ propuso una pieza íntima y contemplativa rodada en Ibiza, donde el gesto de recoger y preservar flores se convierte en símbolo de resistencia frente a la transformación acelerada del territorio por el turismo masivo.

La animación tuvo también un papel relevante con propuestas como ‘EX-tract’, una breve pero potente reflexión sobre la extinción masiva y la memoria, o ‘La leyenda del colibrí’, que narra la valentía de un pequeño pájaro que lucha contra un incendio en la Amazonía, convirtiéndose en metáfora del compromiso individual frente a las crisis globales. En esta línea poética se situó también ‘Hija del agua’, que a través de la memoria de su protagonista evoca el paso del tiempo y la transformación del entorno marino.
Otros cortos apostaron por miradas más cercanas y cotidianas, como ‘Hacer un documental de animales delante de tu casa’, que convierte un solar urbano en escenario de observación de la vida salvaje, demostrando que la naturaleza persiste incluso en los entornos más humanizados. Desde la India, ‘Canciones perdidas de Sundari’ abordó la desaparición de tradiciones vinculadas al mar y al transporte fluvial, mostrando cómo el progreso puede romper los lazos comunitarios.
El programa incluyó también piezas de ficción con un tono más reivindicativo, como ‘Escuadrón Sireno’ o ‘Las polillas se están enfadando’, que utilizan el lenguaje simbólico para denunciar el cambio climático y el consumismo.

Desde Filou destacan el dato curioso de que "varios de los cortometrajes recurrieron al falso documental o a potentes metáforas visuales para reforzar su mensaje, reflejando una tendencia creciente en el cine ambiental contemporáneo hacia lenguajes más creativos y emocionales". Además, la diversidad de procedencias puso de relieve el carácter global de los desafíos ambientales.
Desde la organización valoran la acogida de «excelente» en ambas jornadas, lo que «demuestra que Ecozine Rural sigue cumpliendo su objetivo: acercar el cine y la conciencia ambiental a entornos rurales, generando diálogo y reforzando el compromiso colectivo con el cuidado del planeta».









muy bien pero ay que llevarse alguna caquetita aunque sea pleno verano y otra cosa habra que publicar en el periódico de la comarca la cartelera de películas que realizan.En Belmonte de san José.Un Saludo y Salud