La música de cámara y el aroma de las flores se han vuelto a fundir en una armonía perfecta con una nueva edición de 'Primavera Música Floral', los conciertos organizados en Agrojardín de Alcañiz. El evento, que ha alcanzado ya este año su cuarta edición, se ha consolidado como un referente cultural del territorio. El ciclo, que invita al público a disfrutar de una experiencia única y multisensorial, sigue demostrando su capacidad para cautivar los sentidos en un entorno natural que favorece la contemplación y el disfrute de la música en su estado más puro.
El Vivero de Agrojardín se llenó, este miércoles, de la frescura de la primavera y del talento de una veintena de alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Alcañiz, quienes, acompañados por sus profesores, ofrecieron una de sus audiciones del año a las decenas de personas que se acercaron hasta el recinto, que fue mucho más que una mera muestra de virtuosismo. Aunque los jóvenes músicos deleitaron al público con su destreza, la verdadera esencia de esta actuación estuvo en su objetivo más profundo: provocar sonrisas en las personas con discapacidad, que son las verdaderas protagonistas de esta iniciativa solidaria. "Queríamos darle visibilidad a una cosa tan importante como es la gran discapacidad. Normalmente, cuando hablamos de discapacidad, estamos acostumbrados a otro tipo y esta es completamente distinta. La gran discapacidad requiere 24 horas al día, 365 días al año, y es un problema serio", explicaba Javier Carela, propietario del vivero.

La implicación personal de los organizadores, como el propio Javier Carela, quien con su compromiso contribuye al éxito de este evento, es una prueba de la importancia de la inclusión social que promueve el ciclo de conciertos. Javier, junto a su sobrino Jorge, quien padece una gran discapacidad, encarna el verdadero espíritu de estos conciertos. "Si logramos arrancarles una sonrisa, eso es el top del festival", concluía Carela.

A lo largo de una hora y media, los sonidos de violonchelos, saxofones, clarinetes, acordeones, violines y piano envolvieron a los asistentes, creando una atmósfera cautivadora y llena de emoción. Cada nota parecía fundirse con el entorno florido de los viveros, generando un ambiente sensorial único, típico de la estación primaveral.








