Raül Bonilla Claramunt es barcelonés de nacimiento (1975) y bajoaragonés de ascendencia materna. Fabara es el pueblo de verano y donde ha actuado varias veces. Entre ellas, en la inauguración de la Casa de los Hierros de Jesús Guallar y la última el pasado año. Sucede en esta sección a otra fabarola afincada en Barcelona como es la ceramista Carmen Latorre. La música es su vida y la comparte con su familia y con su trabajo en el que desarrolla campañas de comunicación, por lo que no es musical pero tiene mucho que ver con la creatividad.
Hubo un tiempo en el que se dedicó exclusivamente a la música. Hasta 2007, calcula. «En 2008 me di la castaña con la crisis y en 2009, empecé a hacer otras cosas», explica. Se reinventó para poder continuar y con 30 años comenzó a estudiar Economía y luego un máster y desde hace unos años compagina su vida laboral con su pasión.
«No soy músico desde niño, soy autodidacta aunque este término hay que tomarlo literal en el sentido de que no tengo un título académico pero aprendo de verdaderos genios», apunta. Creció entre vinilos y casetes en los que grababa sus cosas y a los 18 años se marchó a Londres.
«Estaba muy perdido con mi futuro y me pregunté qué quería hacer en la vida. La música era lo único que me llenaba y me fui a comprar una guitarra. Le pedí al de la tienda que me enseñara las notas básicas y esa misma noche acabé con los dedos destrozados y escribí cinco canciones», recuerda.
Venía de escribir relatos y cuentos, «algo que hago muy de vez en cuando» e incluso había ganado algún premio, pero nunca había hecho canciones. No ha dejado de hacerlo, ha hecho cientos para él y para otros. «Supongo que una cosa me llevó a la otra».
Arrancó su carrera musical a su regreso a Barcelona con Placton, su primer grupo rock, editaron dos discos e incluso Manu Chao les tomó una canción para Radio La Colifata e hicieron varios conciertos. Luego llegó 2inpar con rap, hip-hop cercano al mestizaje con el que giraron por toda Europa y países como México y Brasil.

Le llevó a colaborar con Fundación Tony Manero, Calima y otros y giró dos años con Macaco. Después de aquello comenzó un proyecto en solitario como cantautor. Tras un parón, en 2013 comenzó a hacer videocovers como The Suburb, y después creó varios grupos hasta que en 2018 editó un disco en catalán como Raül Bonilla.
Colaboró con Caïm Riba, la mitad de Pastora e hijo del mítico Pau Riba, hasta que llegó el confinamiento y se lió a componer. Llamó al resto de Mehary y empezaron con el desafío de grabar un disco. «¡Es un buen resumen!», ríe. «Por todo esto digo que voy aprendiendo de los mejores como Adrià en 2inpar, o Jules Bikoko que era bajista de Macaco y me ayudó con mi disco y me ha enseñado lo que es ser músico. O José Antonio Mato, batería de Macaco con el que monté The Chinaski… eran clases diarias», añade.
Cómo grabar un disco paso a paso
En el confinamiento arrancó desafío Mehary en su canal de Youtube (Raul Bonilla). El trío se ha propuesto mostrar la composición de su próximo disco paso a paso desde el inicio. «Nos divertimos y nos sirve para documentar el proceso», dice.
Retoma los vídeos tras The Suburb donde hizo voces, instrumentos e imagen -que merece la pena echar un vistazo- pero en este caso ni son covers ni la periodicidad es tan exigente. «Mehary es más sencillito», ríe.
En radios y televisiones se han emitido anuncios de marcas conocidísimas con su voz porque otra parte del tiempo la dedica a la publicidad. «Frases tan variadas como: ¡Qué mejillón, qué sorpresón!», cuenta entre risas. «Muchas no se emiten porque grabamos varias personas y luego eligen», explica. Es productor y otra de sus facetas es la creación de música denominada «de librería» destinada al uso de la industria. «Todo lo que hago me gusta», dice.
No ve el momento de volver a dar conciertos en vivo, «lo maravilloso de la música», y aguarda a que amaine el temporal en un sector ya muy tocado desde 2008. El covid ha agravado una situación que debe empezar a trabajarse desde la escuela, «y en serio como en Suecia que en 5º estudian la rueda de quintas».
Invita a pensar en el aire libre como escenario como se hace en Europa, a apostar por la música y la innovación, a que los festivales fomenten la música autóctona… «Creo que hay soluciones y pasan por cambiar un par de cosas, pero hay que tomarlo en serio de verdad», concluye.







