Los 266 desalojados por el incendio de Ejulve han empezado a regresar este miércoles a sus casas después de haber sido evacuados por precaución hasta Alcorisa ante la posible llegada de humo a sus pueblos. El mayor número de ellos, unos 250 vecinos, pertenecen a Molinos, donde el regreso se está llevando poco a poco aunque con notable alegría. Otros 11 también pueden volver ya a La Cañadilla y 5 a Cirugeda, las dos pedanías de Aliaga que también tuvieron que ser desalojadas.
Después de pasar la noche en el pabellón de Alcorisa, el albergue o casas de familiares y amigos, el ambiente de esta mañana en Molinos estaba marcado por aquellos que el lunes tuvieron que preparar equipaje sin saber realmente cuándo podrían volver a sus casas. Algunas como Nuria Iranzo incluso llegaron a guardar en su maleta retratos de familiares «por lo que pudiese llegar a pasar». «Lo primero que cogí fueron las fotos de mis padres y mi hermano, que ya no están conmigo», ha contado. Y es que para ella y su marido Emilio Cano, igual que para el resto, tener que marcharse no fue fácil. «La experiencia fue escalonada, porque además ya nos habían dicho que existía la posibilidad de tener que evacuar. Pero aun así, fue angustiante. Es una experiencia única que esperamos no tener que repetir nunca», ha explicado Cano.
Otras como Dalila Zermeño incluso han recordado cómo al salir de casa en la madrugada del lunes ya se empezaba a oler algo del humo que llegaba desde Ejulve. «Te vas con un susto en el cuerpo», ha afirmado. En su caso, ha pasado la noche en su coche junto a su marido Jonathan Moreno. «El pabellón estaba muy bien, pero tengo un problema de tengo un problema de dispepsia funcional y no podía dormir en la cama que se había habilitado», ha apuntado Moreno. Y por eso, este miércoles el regreso a sus casas ha sido todo un alivio, sobre todo después de la «gran acogida» que han recibido en Alcorisa.
Protección Civil, Cruz Roja, Guardia Civil y el Ayuntamiento se han volcado con ellos durante estos dos días. Y así lo ha confirmado Iranzo: «Volvemos con el corazón lleno de la empatía y el cariño que hemos recibido de nuestros vecinos de Alcorisa». Además, los de Molinos también han destacado la rapidez para recibir información ante un panorama tan angustioso.

El mayor miedo que han compartido era que se volviera a repetir el desastre que ya se vivió en 2009. El aire ha ido marcando la evolución del incendio, que incluso llegó a amenazar a bienes patrimoniales tan importantes como los órganos de Montoro o el puente natural de La Fonseca. Si el viento se hubiese llevado las llamas hacia allí, «podría haber sido un desastre». «Se nos pone a todos la piel de gallina solo de pensarlo», ha lamentado el gerente del Parque Cultural del Maestrazgo, Ángel Hernández Sesé.

Sobre las 11.00 llegó una de las furgonetas de Cruz Roja, que transportó a varias personas con movilidad reducida. Pilar Soler es una de las viajeras y, a sus 72 años, explica que no es la primera situación de incendios a la que se enfrenta el pueblo, pero sí la primera con un desalojo. "Nunca nos habían evacuado, pero hemos estado bien en Alcorisa, a mí me llevaron al albergue y he dormido toda la noche", valora. "Nos han tratado muy bien, gente muy amable y ha habido mucha colaboración y coordinación", añade mientras piensa en entrar en casa, darse una ducha y descansar.
En el regreso a casa muchos se preguntaban qué hubiera pasado si no hubiesen funcionado las comunicaciones. Los afectados destacan el buen flujo de comunicación a través de pregones y bandos, pero la cobertura sigue fallando. "Hay que priorizar medidas, no puede ser que sigamos con este abandono en comunicaciones porque internet no tiene llegar igual que en una ciudad, sino que tiene que llegar mejor porque aquí hay población muy diseminada en pueblos, masadas...", denuncia Emilio Cano. "Había gente que no sabía de otra porque viven más lejos o en masadas y no había forma de comunicarse. Pero esta situación se nos da en el día a día porque sales a una excursión al monte y ya no tienes manera de comunicarte, eso no puede ser, ni el abandono de los montes. Así no se repobla la España vaciada", apunta.









