Entre las ramas acumuladas y el vaivén de gente que este sábado por la mañana se podía ver en la plaza de Castelnou, un niño con pantalones rojos destacaba sin buscarlo del resto. Con su pequeña estatura, se le podía ver buscando palos y pequeñas ramas con las que colaborar en la subida de la Copa de la hoguera de San Valero, un acto donde todos los vecinos se unen para salvaguardar «una herencia». El pequeño y sus pantalones rojos corrían sin descanso de un lado al otro. «Venga, a por una rama más grande», le decían de cerca sus familiares. Y aunque el grueso de «la faena» era ejercida por adultos, todos le incluyeron aceptando unas ramas que colocó en la hoguera como uno más. Porque esta, realmente, «es una tradición que se vive desde que eres pequeño», tal y como confirmaron el resto de vecinos.
No fue el único infante al que se pudo ver en Castelnou este sábado. De hecho, lo cierto es que fueron muchos los niños y jóvenes que colaboraron en el proceso de la subida de la copa. Observarlos era similar a ver hormigas perfectamente sincronizadas trabajando. Llegaron, como es habitual, en los remolques de sus tractores, entre gritos de «Viva Castelnou», y pese al frío y el aire, no tardaron en ponerse a trabajar. Primero descargaron el material, y posteriormente trajeron las escaleras de madera para ayudarse en la colocación de las ramas. En cadena, las fueron depositando una a una en la gran hoguera de San Valero.
Mientras tanto, la plaza era un alboroto. No solo por la música de la charanga ‘A todo Ritmo’-a quienes casi se les congelan las manos de tocar los mejores clásicos para animar el ambiente- sino también por el resto de los vecinos que ejercían de público. Risas, reencuentros, miradas atentas y muchas fotografías y vídeos de quienes estaban subidos en lo alto de la hoguera marcaban el ambiente. Momentos antes de que todo empezara, hubo tiempo incluso de cantar feliz cumpleaños a una joven. «Es uno de nuestros días grandes. Este año, de hecho, somos muchos más», explicó Tomás Herrera, alcalde de Castelnou.
Para los de Castelnou, este día va mucho más allá. Antaño, en el proceso se involucraban carros para traer la leña y ramas, y aunque esa parte ha cambiado, la esencia se ha conseguido mantener hasta día de hoy. «Hoy tengo la suerte de tener aquí a mi sobrino, que cumple 17 años. Es un regalo que pueda participar», afirmó David Valero, concejal de Castelnou que ha vivido desde siempre la tradición.
Y como «ni el frío o la lluvia se impone», y «nunca ha sido imposible subirla arriba», Castelnou volvió a unirse para demostrarlo. Una vez colocadas las ramas, se lanzaron dos largas sogas que no tardaron apenas segundos en llenarse de manos colaboradoras. «¿Cuál es la soga de los jubilados?», bromeó uno de los participantes justo antes de unirse. En ese instante pudo verse a adultos, jóvenes, niños, e incluso mamás con bebés en brazos, todos dispuestos a tirar para terminar de subir la gran copa. «Ahora tenemos que tirar para que suba la Copa, que esta noche la tenemos que quemar», le decía una mujer a su pequeño.
Desde arriba, los encargados de vigilar que todo estuviera en orden iban dando órdenes en cuanto a parar o seguir tirando de la soga. Y después de unos intentos, el gran árbol pudo ser levantado, un año más, gracias a la unión de todos. Para terminar: felicitaciones, fotos de recuerdo, y una charanga que entre su música cantaba sin parar: «Ya está arriba la copa».
Por la noche, Castelnou disfrutó de su hoguera. Las llamas tardaron en aparecer debido al viento, pero al final terminó ardiendo sin necesidad de echar agua para controlar el fuego. Tras ello, en torno a las 23.15 se pudo disfrutar de un espectáculo de fuegos artificiales.
Subida de la Copa, encendido de la hoguera y espectáculo de fuegos artificiales./ C.O.- Alberto Gracia






















