¿Qué queda de lo que aprendimos de llevar siempre efectivo en la cartera? ¿y de tener una radio con pilas en casa? ¿y una linterna a mano? Este martes se cumple un año del gran apagón que el 28 de abril de 2025 afectó a prácticamente toda la península Ibérica salvo las islas y Ceuta y Melilla dejando sin luz a 36 millones de consumidores. Caspe fue una de las primeras localidades bajoaragonesas en recuperar el suministro, a las 17.00; y en Alcañiz llegó dos horas después aunque la conexión a internet hasta las nueve de la noche y solo en algunas zonas. A esa misma hora fue cuando se recuperó la electricidad en Andorra. Otras comarcas no la lograron hasta mucho más tarde. ¿Cómo se vivió en el Bajo Aragón Histórico?
El apagón puso de manifiesto el valor de la cercanía del medio rural en casos de necesidad en una jornada en la que hubo mucha incertidumbre, pérdidas e incidencias. La mayor tragedia se vivió en Tronchón, donde una mujer de 82 años falleció tras caer por la escalera y no poder alertar al servicio de teleasistencia del que era usuaria. Al no tener luz, el botón de aviso que portaba colgado del cuello no funcionaba.
Sanidad y servicios sociales
Respecto a la sanidad, el Hospital de Alcañiz desprogramó todas las operaciones salvo las urgentes, las de lo que restaba de mañana y también las peonadas de la tarde para reducir el consumo energético y preservar reservas para la atención que lo precisara. También se dio orden de apagar todo lo que no fuera imprescindible aunque pudo trabajar sin problemas con los grupos electrógenos. Fue, junto a los centros de Teruel y Calatayud, de los últimos hospitales en recuperar el suministro. En Caspe, el centro de salud tuvo que solicitar un equipo electrógeno de urgencia para mantener la temperatura de las neveras que contienen, en su mayoría, vacunas. Las urgencias, por su parte, se mantuvieron abiertas con normalidad. En el de Alcañiz se quedaron sin luz por lo que no tenían acceso al historial médico de los pacientes ni a las citas. Por ello, un celador se quedó en la puerta para anotar a mano las urgencias para derivarlas a los compañeros.
Fuera de los centros sanitarios la mirada estuvo puesta en las residencias, pues la mayoría cuentan con usuarios que respiran gracias a bombonas de oxígeno y es esencial el suministro eléctrico. En la más grande del territorio, la del Santo Ángel de Alcañiz, se mantuvo en funcionamiento gracias a los generadores. En Caspe, la residencia de mayores Adolfo Suarez contaba con su propio grupo electrógeno, pero la de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, no contaban con este recurso que era clave para poder hacer uso de los ascensores y que las personas con movilidad reducida pudieran subir a sus habitaciones. En esta última residencia, además, había cuatro personas con equipos de oxígeno, a las que se les proporcionaron bombonas de emergencia.

En las farmacias, donde no tuvieron acceso a las recetas electrónicas de sus pacientes durante las horas del apagón, algunas como en María Clavera de Alcañiz, abrieron para atender a los pacientes que llegaban de urgencias médicas. «En el hospital tampoco tenían sistema informático, por lo que han dispensado recetas en papel que nosotros hemos ido aceptando como se hacía antiguamente. El resto de medicaciones crónicas, al no tener acceso a esos datos, no las hemos podido dar», explicó Clavera. La preocupación estuvo centrada durante varias horas en la temperatura de los medicamentos en la nevera. «En pandemia ya nos vimos en una situación muy crítica, pero por lo menos teníamos acceso a esas recetas. Tenemos unos termómetros especiales que miden en un rango, pero pasadas muchas horas habría que desechar muchos de los medicamentos», añadió Clavera.
En su caso, tampoco pudieron aceptar tarjetas y solo funcionaron con efectivo. Sobre todo quisieron mantenerse abiertos para ofrecer tranquilidad a los vecinos.
Comunicaciones
Las comunicaciones también se vieron seriamente afectadas por la imposibilidad de repostar en algunas gasolineras del territorio. Sin embargo, no se sufrió los problemas de caos de tráfico que se vivieron en las grandes ciudades al no contar prácticamente con semáforos. En el territorio, el principal problema de transporte se vivió en Chiprana, donde se quedó detenido un tren convencional con 25 viajeros a los que se prestó ayuda. Hasta 4.962 viajeros de ocho trenes de alta velocidad y otro regional estuvieron horas «atrapados» en las vías aragonesas.
En cuanto al suministro de gasolina para los vehículos, las gasolineras del territorio tuvieron que optar por generadores para poder surtir. Una de las que antes recuperó el servicio fue la de la Cooperativa de la Virgen de Pueyos. Allí, en torno a las 16.00 se llevó un grupo electrógeno con la que poner en marcha los surtidores. Los primeros en poder repostar fueron los vehículos municipales. Así, antes incluso de que surtidor estuviera conectado, ya había dos vehículos de policía local y uno de los autobuses urbanos esperando para continuar con el servicio.
Otras gasolineras como las del grupo Murria Hermanos sí que pudieron seguir dando servicio, tanto de gasolina para los propios grupos como para vehículos particulares. Durante varios momentos del día se vieron filas de personas que, ante la incertidumbre, prefirieron no quedarse con el depósito vacío.

Industria y comercio
Todas las empresas sufrieron la falta de suministro eléctrico. Las más afectadas fueron las granjas que dependen de la electricidad para poder mantener las condiciones óptimas de los animales. En los casos de las industrias más grandes, muchas de ellas cuentan con sus propios generadores electrógenos con los que poder seguir trabajando con normalidad y el resto mandaron a sus empleados a casa.
En el pequeño comercio hubo una fiebre en ferreterías y bazares chinos por conseguir linternas, cocinas de gas y pilas; y otros como una heladería sufría por vender sus productos antes de que se deshicieran. La ferretería Pedro Serrano de Alcañiz hizo uso de un generador para poder dar servicio a su clientela. El establecimiento agotó todas las existencias de cocinillas, linternas o tubos de gas. «Tendríamos una treintena de cada modelo de linternas y tubos de gas; y 8-10 de cada modelo de cocinillas, y se ha vendido todo» explicó su dueña, Maribel Cruz, quien catalogó el día de «caótico». «Hemos estado cobrando en efectivo, el datáfono estaba sin cobertura. Ha sido muy complicado, y también hemos fiado a algunos clientes que no nos podían pagar hoy», añadió.
La automatización de puertas y persianas fue un problema para el pequeño comercio. Fue el caso de la propietaria de la joyería Aribiz, Ana Ariño, quien se quedó hasta las tres del mediodía, cuando llegó el técnico desde Miami Playa, donde estaba trabajando. «Ya me veía durmiendo en la tienda», explicaba entre risas la alcañizana. En su caso se encontraba en el comercio junto a la dependienta y siguieron atendiendo aunque la imposibilidad de pagar con tarjeta hizo que no pudieran cobrar. «Justo dos chicos que buscaban un regalo para el Día de la Madre no llevaban dinero en metálico así que les hemos guardado los detalles que han escogido», explicó Ana, quien considera que el apagón nos servirá para llevar más efectivo en el monedero y no depender tanto de la tarjeta.
En comercios como el Martín Martín sus trabajadoras tuvieron que apuntar los pedidos «a la vieja usanza», en papel. Tampoco pudieron aceptar tarjetas y a los clientes no les quedó otra que el uso de efectivo. Se agotaron todas las existencias de pan, y embutido. En el supermercado Día de la avenida Aragón se limitó el acceso de la clientela y al mediodía solo se vendieron productos básicos para que los clientes pudieran «salir del paso». La Guardia Civil se colocó en la entrada del establecimiento para controlar que no entraran los vecinos.
En cuanto a los supermercados, algunos como Mercadona pudieron seguir ofreciendo servicio al contar con sus propios aerogeneradores con gran afluencia. Productos como el pan o la bollería se agotaron rápidamente. Otros comercios como el supermercado Día de la avenida de Aragón optaron por solo vender productos de primera necesidad atendiendo en la propia puerta. Además, durante el mediodía se personó una pareja de la Guardia Civil para comprobar la situación.
En Andorra, en el caso de supermercado Eroski, parte de la plantilla permaneció frente a la entrada del local, a la espera de instrucciones. «En cuanto se ha ido la luz, hemos estado una media hora sacando a la gente de supermercado». Los vecinos de Andorra recorrieron los supermercados del municipio con la intención de hacer la compra, pero no fue posible.

Hostelería
En la hostelería, en Alcañiz el impacto fue menor porque muchos de los restaurantes cierran los lunes. El apagón también se hizo notar en los comedores de los colegios, donde al mediodía parte de la comida se tuvo que servir fría. En el colegio las Anas incluso tuvieron que reorganizar el menú de los alumnos porque parte de los platos que se iban a servir no se pudieron cocinar. «Teníamos previsto dar pescado, pero como no lo hemos podido llegar a freír al final hemos tenido que optar por ensaladas frías con jamón de york», explicaron.
En el colegio Palmireno de Alcañiz, por su parte, la comida también se sirvió templada. Los platos habían terminado de cocinarse momentos antes del apagón y se mantuvieron en el calentador hasta justo antes de servirse. Como anécdota, en mitad de las comidas su director tuvo que ponerse a limpiar vasos porque el lavavajillas no funcionaba. Los niños tuvieron que comer con poca luz, y momentos antes las clases también se vieron ligeramente interrumpidas porque no se pudo hacer fotocopias y las pizarras digitales o presentaciones tampoco funcionaron, explicaron los centros.
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