El municipio de Villarluengo ha declarado su agua de boca como no potable debido a los altos niveles de turbidez que el manantial desde el que esta emana presentaba tras la tormenta del martes. El Ayuntamiento confirma que la situación se mantendrá hasta el viernes, cuando los técnicos vuelvan a analizar el agua y den el visto bueno. Los vecinos están avisados desde primera hora de este miércoles, cuando se emitía un bando para solicitarles que no consumieran agua del grifo.
La turbidez se ha originado después de que tierra de un barranco se filtrara a causa de la tormenta del martes en el manantial que sirve para abastecimiento del pueblo, según explicó su alcalde, Juan Ramón Tena. En total, cayeron 40 litros de agua. "Ha dado la casualidad de que hoy venían a analizar el agua del pueblo, y entonces hemos dado con que el depósito estaba turbio. El agua no salía marrón del grifo, pero los técnicos sí nos han dicho que los niveles de turbidez eran muy altos. Por ello hemos trasladado rápidamente que no era potable", añadió el primer edil.
El Ayuntamiento ya ha vaciado el depósito municipal para eliminar la turbidez y volverá a llenarlo este jueves porque "del manantial ya emana agua limpia". No obstante, los técnicos no vuelven a Villarluengo para comprobar su estado hasta el viernes, por lo que el alcalde recomienda no hacer uso de ella hasta entonces. Una vez den el visto bueno oficial, se emitirá un bando avisando que esta ya es potable nuevamente. "Hasta ese día hay otras fuentes de las que los vecinos pueden obtener agua, o también comprar agua embotellada. Queremos confirmar que sea totalmente potable, y por ello esperaremos hasta el viernes", puntualizó Tena.
"40 litros no es nada para la situación de sequía"
A diferencia de otros municipios del Maestrazgo, esta localidad no ha tenido por ahora problemas de abastecimiento de agua de boca a pesar de la grave sequía actual. Es cierto que de su fuente principal "sale mucho menos agua que en enero", pero momentáneamente esta es suficiente para garantizar el suministro a toda la población, de 181 habitantes. Los que sí están sufriendo las consecuencias de la ausencia de lluvias son los ganaderos del pueblo, quienes desde hace meses deben ir a cargar agua al río Palomita y el río de la Cañada. El alcalde no descarta que la situación pueda empeorar tanto para este sector como para el resto de la población siempre y cuando siga sin llover en grandes cantidades, y no solo 40 litros. "Eso no es nada para un manantial, y menos en la situación en la que estamos. Nos mantenemos mirando al cielo", concluyó.







