‘El Camino de Santiago. Dar sentido a los pasos’ (Ed. Dobleuve, 2026) no es un libro de viajes, ni mucho menos una guía. Tampoco es un encadenado de consejos ni pretende serlo. Sus 193 páginas se reparten en 47 capítulos que no están divididos en etapas sino que llevan encabezados como ‘Café’, ‘Bach’, ‘Vino’ o ‘Diversidad’. Y es que es un libro que narra una experiencia viajera y ese es justo el principal requisito del ‘Premio Eliezer ben Alantansi’, cuya sexta convocatoria ha ganado Luis Jorge Arnau, el autor de esta obra.
Arnau es mexicano y desde Ciudad de México voló el año pasado para hacer el Camino de Santiago, y a finales de abril para presentar el libro en la librería Santos Ochoa en Alcañiz, "bien arropado rodeado de libros". Tratando de no destripar demasiado del manuscrito, compartió con el público algunos datos de su experiencia y también qué fue lo que le llevó a presentarse al premio. «Decidí presentar una visión sobre el Camino distinto a una guía turística, que no lo es, sino que es un proceso de transformación personal, sin ser religioso, que logré hacer, o que creo que pude hacer durante 35 días caminando 800 kilómetros por el norte de España», explicó.
Decidió hacer este reto, para el que se estuvo entrenando en México, a las puertas de la jubilación. «Yo lo asocio a júbilo a alegría, de ahí su nombre, pero para eso tienes que tener un rumbo y una motivación para esa etapa que empiezas», reflexionó. «Es un momento en el que uno necesita replantear su vida para lo que sigue y a veces es importante encontrar estos espacios que no nos sabemos dar. El Camino me permitió, además de conocer otros seres humanos distintos, hacer un trabajo de introspección, que es lo que reflejo en el libro», apuntó.
Al final de cada etapa se sentaba a escribir algunas impresiones que no quería que se le olvidasen. «Mientras se secaba la vaselina que aplicaba a mis pies cada noche, dedicaba un tiempo a ello», añadió. «Cuidarme así los pies fue el mejor consejo que me dieron», sonrió. Al llegar a casa de nuevo, y cuando ya había avanzado en la escritura del libro, un amigo le habló de la existencia de este premio y decidió acelerar el proceso que él había planteado más pausado, y se lanzó porque en este caso no se premiaba una guía, sino que se hablaba de experiencias, el matiz que le cautivó. «No he escrito un guía, pero tampoco es un libro de superación personal ni que hable a favor ni en contra de una religión. Cada uno hace su Camino, todo es respetable, yo simplemente muestro cómo es posible concederse un poco de tiempo para escucharse a uno mismo», apuntó.

"Caminé con coreanos, con menonitas, con andaluzas muy cantarinas... Pero lo que me impresionó fue la España vacía"
Va ligando el recorrido a la comida, al paisaje, a la tradición y a las relaciones humanas, tanto a las que encontró como a las que no. Una de las cosas que más le impactó fue la España vacía porque el Camino atraviesa buena parte de ella dejando atrás pueblos en los que es posible no cruzarse con nadie. Por contra, durante otros tramos fue topándose con personas de todo perfil, algunas muy ruidosas. «Recuerdo un grupo de andaluzas que no paraban de cantar… Es admirable su capacidad de cantar, caminar y respirar», contó sacando una risa del público.
«No eran las únicas, había grupos con sus altavoces para todos… El ser humano es increíble», rió al tiempo que advirtió que él vive rodeado de ruido en una de las ciudades más pobladas del mundo. Esto aumentó la impresión que le causó no cruzarse a nadie en algunos tramos. Empleó una comparativa muy ilustrativa: el Camino de Santiago recibe alrededor de unos 500.000 peregrinos al año, mientras que la peregrinación a la Virgen de Guadalupe cada 12 de diciembre en México congrega a unos 14 millones de personas en un solo día.
Entre las anotaciones que se guardó iban las nacionales de las personas con las que llegó a interactuar o cruzarse en algún momento y contó 36. «Caminé con coreanos, con grupos de coreanos y de menonitas… Hablo de ese proceso tan extraño que se da en el que confluyan personas de diferentes religiones e, incluso sin religión, en un mismo lugar haciendo lo mismo. Es un camino para una sociedad diversa como es la que tenemos», apuntó.
Hijo del exilio y conectado con España: «Todos somos migrantes»
Arnau (1956) es ingeniero y también escritor y guionista. Dirige Estrategias Paralelo 21, empresa de divulgación y proyectos editoriales, además de ser asesor de diferentes instituciones. Desde 2007 también se dedica al mundo editorial. No ocultó su satisfacción porque el relato haya gustado y, en segundo lugar, porque «haya habido mucha comunicación con los editores en cuanto a un perfil distinto de las guías tradicionales». Por eso, «lo que habla precisamente del camino como un punto de reflexión y de renovación es la parte que queremos resaltar con el libro». El jurado destacó el uso del lenguaje rico en matices, entre otras virtudes del texto. Es el sexto premio que concede la editorial turolense Dobleuve liderada por los hermanos Pablo y José Ignacio Perruca, con el fin de homenajear a Alantansí como primer impresor de la imprenta hebrea de Híjar.
El libro arranca con una frase: «A fin de cuentas, todos somos migrantes y estamos en camino, en algún camino». El autor es hijo de emigración española y guarda familia en España. Viajó esta vez para la presentación y visitar a una parte de ella que vive en Barcelona. «Tengo herencia catalana porque mi abuelo fue de los republicanos que salieron con la Guerra Civil, así que, nosotros somos absolutamente mestizos. El vínculo se refuerza porque tengo un hijo que vive en Madrid desde hace nueve años y que nos mantiene perfectamente ligados a este país», sonrió.









