El incendio de la Cerollera sacó la mejor versión de todos los vecinos de los pueblos cercanos, quienes aportaron su granito de arena para ayudar a frenar las llamas. Agricultores de las localidades La Cerollera, Belmonte de San José, La Ginebrosa y la Cañada de Verich acudieron con sus tractores, cubas y gradas para apoyar a las unidades forestales a detener el incendio. Además todos los pueblos prepararon bocadillos y llenaron garrafas de agua para los bomberos.
«Los agricultores de La Ginebrosa pusimos a disposición nuestros tractores, estuvimos labrando campos y con las cubas suministramos agua a las motobombas», explica Cesar Villanova, agricultor de la localidad. Algunas de las personas que se acercaron a ayudar se mantuvieron en el terreno hasta las 5.30 cuando el fuego estaba «más o menos perimetrado», dice Villanova. Desde Belmonte de San José pronto se vio el humo y desde que se intuyó que algo sucedía, un grupo de agricultores se acercó a la zona. «Era preocupante lo que veíamos desde el pueblo, y en cuanto nos acercamos hasta allí y vimos la situación, los agricultores no lo dudaron y muchos estuvieron allí hasta bien entrada la noche», dice el alcalde de Belmonte, Alberto Bayod, que considera que la primera y rápida intervención de la gente de los pueblos ayudó en buena medida a evitar el avance del fuego.
Por su parte, los habitantes de los pueblos cercanos elaboraron bocadillos para abastecer a las personas que estaban combatiendo las llamas. «El bar del pueblo aportó agua y los vecinos hicimos todos los bocadillos posibles. A pesar de ser un pueblo pequeño nos unimos todos», comenta Mari Ángeles Solsona, vecina de La Cerollera.
Además de preparar comida, los habitantes de La Cerollera ayudaron a rescatar a varios perros que se encontraban en una de las granjas cercanas a las llamas. «Un vecino se acercó con el coche y trajo los perros al pueblo, aquí los estuvimos cuidando entre todos», explica Solsona.
A pesar del miedo y de la incertidumbre todos los vecinos que fueron capaces tendieron la mano para ayudar a que el incendio no se descontrolara. Ante ello, los vecinos del municipio, con su alcalde Francisco Serrano a la cabeza se encuentran «muy agradecidos con todas las personas que han colaborado para que esta situación no haya ido a más».










Gran ejemplo. Como en la célebre frase, en esos momentos hay que pensar que puede hacer cada ciudadano por su país. Un país que no tiene dinero para nada, pese al subidón de impuestos, ni para hidroaviones (pese alas promesas), ni para vías férreas, ni para mantener carreteras, ni para las autovías prometidas hace décadas… En fin, para qué seguir.
Pero tiene personas que se merecen todo el respeto y apoyo por su labor.