Más de un centenar de personas han vuelto a dar vida este fin de semana a La Concordia de Alcañiz, que ha transformado la ciudad en un auténtico museo vivo del siglo XV. Tras meses de preparación, el evento ha reunido a voluntarios, recreadores, artesanos y cientos de visitantes que han llenado la Glorieta, la ribera del río y la iglesia durante dos intensas jornadas marcadas por el ambiente festivo y la divulgación histórica.
El sábado concentró buena parte de la actividad con el campamento medieval y la novedosa feria de divulgación histórica, mientras que el domingo, con la salida del sol, pequeños y mayores disfrutaron de las justas y demostraciones ecuestres junto al río. El buen tiempo acompañó en la recta final y animó a numerosas familias a acercarse para conocer cómo se vivía en 1412.
El alcalde, Miguel Ángel Estevan, hizo un balance muy positivo del fin de semana: «Llevamos muchos meses trabajando en ello desde el área de Cultura, junto a un montón de voluntarios a los que quiero agradecer personalmente su implicación y saber estar para ponerle a la ciudad nombre y situar este evento en el lugar que corresponde».
Meses de trabajo
Detrás de la puesta en escena hay un amplio trabajo organizativo. Alicia Felipe, jefa de producción, explicó que la planificación comienza «antes de Navidad, con la primera reunión con los voluntarios de Alcañiz y el equipo de producción». Tras las fiestas arrancan los ensayos con el director artístico, Pedro Palacios, para coordinar las escenas del acto central.
En total, entre 40 y 50 voluntarios —actores con y sin texto— han participado en la representación principal, además de los recreadores del campamento y los profesionales invitados. «Siempre animamos a que se apunte más gente, especialmente jóvenes. No hace falta tener un papel largo; también necesitamos figurantes», ha subrayado Felipe, quien recordó que desde 2019 la empresa HPLAB dirige el evento incorporando cada año novedades.
Entre ellas, la feria de divulgación ha sido uno de los grandes atractivos. «Queríamos aportar un enfoque más profesional y dar a conocer a especialistas del territorio que se dedican a la divulgación histórica», ha señalado.
Oficios medievales que reviven
Uno de los puestos que más miradas ha acaparado ha sido el de la cetrería. Marc Alcaide, presidente de la Asociación Aves de Luna, explicó que su taller muestra «la historia de la cetrería, los útiles que utilizaban y curiosidades que hoy se desconocen». Las aves rapaces han sido, especialmente para los niños, uno de los grandes reclamos del fin de semana. «En la Edad Media era uno de los deportes más importantes y no somos conscientes de lo presente que estaba en la vida de aquella época», ha recordado.
También ha despertado interés el espacio de Vida Primitiva, el proyecto de David Castillo, dedicado a la recreación de objetos con técnicas antiguas. Espadas, puntas de lanza y piezas de forja basadas en restos arqueológicos han permitido al público acercarse a los oficios históricos. «Es la primera vez que se nos reúne a especialistas en divulgación del patrimonio en formato feria y ha habido mucho interés; la gente pregunta y se lleva información», ha explicado.
Por su parte, el luthier Pablo Morales mostró instrumentos medievales reconstruidos a partir de tallas y manuscritos como las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio. «Es acercar a pie de calle temas que normalmente no están al alcance de todo el mundo y poner en valor la cultura medieval», ha destacado.
Festival de divulgación y campamento medieval. / Alba Ferrández
Implicación local
El ambiente no se limitó a los talleres. Las actuaciones también aportaron color y movimiento. Un grupo de jóvenes bailarinas de la escuela de jota dirigida por José Antonio Pedrós volvió a participar por cuarto año consecutivo con el baile de 'Santanelo'. «Es como volver al pasado y vivir momentos para que no se pierda la esencia», comentaban antes de salir a escena, orgullosas de formar parte de un evento que consideran clave para su ciudad.
Entre el público, la sensación general era de satisfacción. Una familia llegada desde Calanda, que acudía por primera vez, destacaba que el evento era «muy bonito» y valoraba la posibilidad de aprender historia de forma entretenida. Su hijo participó en talleres y quedó fascinado con las aves y los cañonazos de la recreación.
También vecinos de Alcañiz que se estrenaban en la cita coincidían en la buena ambientación. «Está todo muy bien montado. Para pasar el día con los niños y que aprendan está muy bien», comentaba una asistente, que ya planeaba regresar el domingo para ver los caballos.
Un domingo de sol y caballería
El domingo, con el cielo despejado, la ribera del río volvió a llenarse para contemplar las justas y combates. Los campamentos medievales permitieron observar de cerca entrenamientos, indumentaria y armas, completando así una programación que, según la organización, puede reunir entre 3.000 y 4.000 personas a lo largo del día.
Con el acto central en la iglesia y la Glorieta como epicentro del campamento y la feria, La Concordia ha reafirmado su papel como una de las grandes citas culturales y divulgativas de Alcañiz, combinando rigor histórico, participación ciudadana y un ambiente familiar que invita a repetir.



























