Rubén Vidal expone más de 35 piezas en Luxemburgo, en una variada muestra de su trabajo en diferentes materiales y con distintas técnicas. Él mismo llevó sus obras desde Alcañiz hasta la Subtile Gallery, un espacio en el que ya expuso al participar en una muestra colectiva. La exposición abrió el pasado miércoles 23 y estará visitable hasta el próximo 16 de noviembre. Ya ha vendido varias piezas y las que quedasen sin nuevo dueño al cierre de la muestra, quedarán en el fondo de la galería donde seguirán a la venta. Hasta allí se llevó pinturas sobre tablas de alabastro, una modalidad que exploró durante su residencia en el Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro (CIDA) en Albalate del Arzobispo. «Parte de lo vendido son piezas en alabastro del Bajo Martín que se quedan en Luxemburgo», sonríe Vidal ya de regreso a su taller en Alcañiz. Durante su año de residencia en Albalate pintó sobre tablas de alabastro a las nueve musas que representan a los nueve pueblos de la comarca del Bajo Martín. Ellas presiden el salón de plenos al que, además, dan nombre. Pocos saben que hubo una musa que se descartó y que sirvió de prototipo. «Por medidas y las vetas que salieron a la tabla no me encajaba con el resto, así que, no la incluí en la obra pero la guardé y la llevé a Luxemburgo», añade. Expone motivos muy variados también como bodegones -que en la exposición que hizo en Alcañiz no se vieron-.

Vidal ha llenado la galería de alabastro pero también de maderas, telas, material reciclado… Cosas más naturales. Todo lo que ha llevado son obras de bulto redondo. «Al igual que las escultura las pinturas sobre alabastro se pueden ver desde todos los lados rodeándolas», sonríe. El artista vive en Alcañiz tras muchos años de residencia en Berlín, donde recuerda que para ver una obra a la luz hay que recurrir a ponerla sobre el alfeizar de la ventana y en Luxemburgo está gustando la luz cambiante cuando atraviesa el alabastro. «En Alcañiz no falta luz y siempre que el tiempo lo permite y estoy saturado salgo con mi caballete a La Estanca, Las Saladas o donde me apetece y todo eso se nota en la obra», señala. También se llevó a la inauguración los sabores de la tierra. «Unas buenas olivetas alcañizanas y melocotones de Castelserás», añade. Confía en que todas las obras encuentren una salida pero, «es algo que jamás se sabe y, aunque creas que has hecho una pieza preciosa, igual no la vendes nunca», dice. De Luxemburgo se trajo más encargos, principalmente para retratos, que está sacando adelante en su taller con otros que ya tenía y a los que va sumando más.








