Sin pinceles, solo con espátulas y llana de yesero, Bart Felix ha dado vida a 13 lienzos de 60x80 cargados de colores en acrílico que ya cuelgan de las paredes de la sala de exposiciones del CC Valero Lecha de Alcorisa. La exposición forma parte de la programación de la Semana Cultural que Alcorisa dedica al artista Valero Lecha precisamente, y se puede visitar hasta el 30 de enero los martes, miércoles y viernes de 17.30 a 21.00. Lleva por título 'Amarillo, Amar y yo' y supone un giro en la carrera del belga afincado en Molinos desde hace más de dos décadas junto a su esposa Gerda van Hoye, también artista, y el hijo de ambos, que ya apunta maneras artísticas. "Es una exposición de colores muy vivos, lo que supone un cambio en mí porque mi obra siempre ha sido un poco oscura", avanza. Considera que "al mundo no le viene mal algo de color en tiempos grises", y lo dice tanto en el plano general como en el particular, tras enfrentar algunos altibajos de salud en los últimos dos años.
Esta muestra en Alcorisa, de cuya inauguración este martes salió "muy contento" por el éxito de convocatoria, es también su regreso a las salas y, además, de forma individual. Está acostumbrado a montar muestras colectivas y en Molinos junto a Gerda organizaban dos anuales junto con otros muchos artistas mientras contaron con sala municipal hasta hace no mucho. La alta actividad cultural es lo que les motivó para quedarse en el pueblo y no optar por cualquier otro para instalarse en la zona. Ambos han promovido iniciativas artísticas con trasfondo europeo y mundo rural como 'repoblArte'.

En la serie 'Amarillo, Amar y yo' homenajea a este color que impera en los 13 cuadros. "Es el color de la energía, del optimismo, de la creatividad y para mí, sobre todo, del amor", explica. También significa empezar de nuevo, "después de abismos inevitables de la vida", y "afrontar la realidad con un rayo de sol, otro significativo del amarillo, porque el sol brillante es amarillo", añade. Con esta serie, el artista espera poner en evidencia la importancia de los colores vivos en la vida cotidiana, "necesarios para distraernos con calambres de euforia al primer instante, desconectar hacia la alegría, como un primer encuentro con el amor, como un primer amor", expresa. Desea invocar esta sensación con la confrontación del espectador a su arte para tratar de sacudirlo por dentro. Elegir el amarillo ha sido por todas estas razones, y también por otra tan poderosa como el amor al que hace referencia: "El amarillo y la variedad de sus tonos es el color preferido de Gerda, mi compañera en amor por vida", afirma antes de agradecerle la inspiración que supone para él.
Ambos estudiaron Bellas Artes en Bélgica. Bart siente preferencia por lo abstracto y trabajar series de dos hasta quince o más cuadros sobre un mismo tema. Desde 1990 pinta al óleo, acrílico y técnicas mixtas, y lleva toda la vida indagando sobre dibujo, pintura, serigrafía, litografía, aguafuertes y también profundizando en Historia del Arte. "Ahora he dado este cambio, probé y me gustó como quedó, así que, preparé obra para la exposición, todos los cuadros son de nueva creación", apunta. La totalidad de los lienzos que expone están a la venta al público.















