El inicio del curso escolar fue este lunes todavía más especial en pueblos como Alacón. Tras semanas de dudas frente a su posible cierre tras la marcha de la familia que permitió su reapertura en 2023, el centro abrió sus puertas y continuará con sus clases con tres alumnos, el mínimo establecido.
La noticia ha supuesto toda una alegría para esta localidad de apenas 220 habitantes, sobre todo teniendo en cuenta que sus vecinos ya tuvieron que pasar por el «duro trance» de cerrar las instalaciones en 2022 y enfrentarse desde entonces al complicado reto de volver a abrir. Se consiguió el año pasado con un total de siete alumnos, tres de una misma familia que llegó al pueblo. De estos, no obstante, los tres hermanos se marcharon y otros dos han pasado a educación secundaria en el IES Pablo Serrano de Andorra. Solo quedaban, por tanto, dos niños y un tercero que acaba de llegar al pueblo con su familia, y por ello mismo se temía que el escenario se pudiera repetir. «Temíamos que no pudiera abrir sus puertas, pero DGA ha decidido apostar por nuestro colegio, incluso contando solo con tres niños. Estamos agradecidos y contentos y nos facilita que este permanezca abierto para los próximos años», explica Ricardo Alquézar, alcalde de Alacón.
Los tres niños de entre 6 y 10 años compartirán durante estos meses un centro «completamente renovado» en palabras del primer edil ya que se benefició de subvenciones para su actualización en años anteriores. Este colegio -perteneciente al CRA Muniesa- cuenta con suelo y ventanas cambiados, tejado reformado y pizarras digitales. También se colocaron unos corchos nuevos en la zona del recreo para que los niños puedan jugar. Y aunque lo importante era conseguir que este pudiera seguir abierto aún con pocos niños, el Ayuntamiento continúa trabajando para lograr que más familias lleguen a la localidad.
Uno de los principales proyectos para conseguirlo será la compra de una vivienda actualmente en desuso a través de una subvención de la Diputación de Teruel. «Mañana vamos al notario con los actuales dueños para comenzar la compra de esta casa. Será una oportunidad», cuenta con alegría Alquézar.
Antes de entrar a vivir en ella es probable que se tengan que realizar ciertas reformas en cocina o baños. No obstante, y al tratarse de un Ayuntamiento de un pueblo pequeño, no se cuenta con el suficiente dinero para asumir dichas obras. Es por ello que también se está barajando la posibilidad de que quien llegue se beneficie de un alquiler asequible para poder acometer esa reforma. Por suerte, ya hay una familia interesada. «Estamos en conversaciones con una familia de Ariño, aunque todavía queda por ver. En caso de que no fueran ellos finalmente, trabajaremos por atraer a otras. Queremos tener más niños», añade Alquézar.







