Está en estos días preparándose para algo que hace tiempo que no hace. Demasiado. De hecho, calcula que han pasado cuatro años de la última vez pero no, en realidad han pasado casi ocho desde que rodó un cortometraje. El tiempo vuela, y por su trabajo José Miguel Rabinad lo tiene que administrar muy bien para llegar a todo y también al cine, que es su pasión. Sonríe cuando recuerda que empezó «tarde, ya de mayor». Ahora tiene 51 años y empezó en el mundo del audiovisual a los 40 «más o menos». Siempre le había gustado el cine, era un devorador de películas, pero de eso a ponerse a escribir y detrás de una cámara hay un trecho. Su mujer fue la que le animó a recorrerlo y dejar salir lo que tenía dentro. Le instó a que se inscribiese en un curso de 30 horas que tenía como fin último crear un cortometraje. «No es que me encantase, fue lo siguiente a eso, así que, me inscribí en un grado superior», sonríe. Lo cursó en la Catalonia Film School, situada en Vilanova i la Geltru, muy cerca de Cunit, la localidad barcelonesa en la que reside de forma habitual cuando no viaja a Valdealgorfa, que es muy a menudo. Al terminar los tres años aceptó la propuesta de impartir clase hasta que cuatro cursos después tuvo que dejarlo porque no podía compatibilizarlo con su trabajo. Es arquitecto y trabaja como jefe de obra, una labor «de la que sabes cuando empiezas pero no cuando terminas».
Nunca se desvinculó de la escuela. De hecho, va a ser en sus instalaciones, con su material y con la ayuda de alumnado, profesorado y directores con quien grabe ‘Los candidatos’, el corto que lleva entre manos. «Ojalá pudiera rodar el Valdealgorfa», dice. «Pero es más fácil mover a una persona que a todas las demás porque la escuela me ayuda con el equipo técnico, mientras que del artístico me encargo yo», apunta. Esa persona que se moverá es Merche Pardo, teatrera, valdealgorfana y de la cuadrilla de «amigos de toda la vida». Ella será la protagonista de esta historia que se desarrolla en una oficina y que habla de las dificultades de encontrar trabajo a una determinada edad «y sin tener contactos que te ayuden». Este relato lo guardaba José Miguel desde hace tiempo porque, aunque ha pasado años sin rodar, desde que ingresó en el curso no ha dejado de escribir. Es más, tiene hasta el guion de un largometraje pero guardado a buen recaudo porque «nadie lo ha visto». Rabinad escribe sobre temas que a él le inquietan o vivencias personales como las frustraciones de las que habló en el primer corto, o del miedo a la pérdida de gente querida del segundo. Sus trabajos y más cosas se pueden ver en su canal de YouTube. «Tienen moraleja, me gusta que la tengan y que cada uno las interprete como quiera», apunta. Reconoce que lo que más le gusta es escribir y que luego eso se pueda traducir en imágenes. Antes de Semana Santa se meterán en harina y espera que en otoño el resultado pueda verse en el IX Festival Internacional de Cortometrajes de Valdealgorfa. «Eso será buena señal de que estamos conformes con el resultado», sonríe.
Rabinad sabe muy bien cómo es el festival porque forma parte de él desde que se sumó a Santiago Sáenz y Miguel Casanova en la idea de hacer proyecciones en verano en el pueblo. «Aquello creció a un festival que implica a un grupo de voluntarios sin los que sería imposible. Lo mejor es que tienen voz y voto para conseguir lo que creo que conseguimos, que cada año sea un poco mejor», dice. Avanza que pronto saldrán las bases para aligerar la labor de selección del jurado, donde también está él. No obstante, el sello Rabinad lo pone cada año en el cartel.

También diseñador
Se decidió por la carrera de Arquitectura atraído por el diseño y, aunque luego no ha podido desarrollarlo todo lo que le hubiera gustado en su trabajo, siempre encuentra una vía de escape para hacerlo. Una de ellas son los carteles de todos los años del festival. «El primero no teníamos presupuesto y me ofrecí a probar», avanza. «No quedó mal y decidimos que me encargaría de hacer los carteles, y el diseño de las entradas y del tríptico que repartimos», añade. Para él es otra ilusión y otra forma de contribuir con el certamen. No obstante, ha conseguido darle una identidad visual muy reconocible al festival en esa parte. Se mueve con dos conceptos: que tengan algún elemento cinematográfico y algún elemento del pueblo. Esa es la razón por la que King Kong aparece encaramado a la torre de la iglesia de Valdealgorfa tratando de atrapar una avioneta que anuncia el festival de 2024, el último hasta el momento. El año pasado pudo verse en diferentes poblaciones junto a los carteles del resto de certámenes en una novedosa exposición que movió AraFilmFest, la Red de Festivales y Muestras de Cine de Aragón.







