Una tormenta casi inmóvil, que descargó hasta 120 litros por metro cuadrado en apenas dos horas en la cabecera del río Cámaras, provocó la violenta riada que el pasado fin de semana arrasó barrancos, cultivos y estructuras a lo largo de la cuenca del Aguasvivas. La crecida sorprendió especialmente a municipios como Azaila y Vinaceite, donde apenas llovió, pero que recibieron el golpe de agua procedente de zonas más altas como Herrera de los Navarros o Nogueras. El meteorólogo Javier de Luna de Aragón TV, en una entrevista emitida en Hoy por Hoy Bajo Aragón, ha calificado el fenómeno como «la tormenta perfecta» por la cantidad de factores que coincidieron en un espacio muy concreto y en poco tiempo.
La clave del temporal, según ha explicado Javier de Luna, estuvo en una supercélula: un tipo de tormenta con comportamiento errático, inmensa e imposible de predecir, que se desconecta del flujo atmosférico habitual y puede llegar a desplazarse de forma inversa. Este sistema se mantuvo estático y descargó con gran intensidad sobre una zona concreta durante más de una hora. "Probablemente hubo algún tipo de supercélula que incluso reculó, empezó a llover y a granizar, y volvió para atrás", ha añadido. Lo que normalmente sería una tormenta pasajera, en este caso se convirtió en un tren de tormentas sucesivas que colapsaron el sistema natural de escorrentías del Cámaras, afluente directo del Aguasvivas. Ese colapso en la cabecera, según de Luna, fue lo que provocó los daños que sucedieron el fin de semana.
La explicación, según ha explicado, está en la orografía: llovió intensamente en las zonas de cabecera, en altitudes elevadas, y el agua descendió con rapidez. En puntos como Letux o Belchite se comenzaron a ver los efectos del desbordamiento en cuestión de minutos, afectando a infraestructuras como el centro de salud o puentes de paso. "Azaila recibió toda esa avenida de estos pueblos, todo ese cúmulo de agua", ha detallado de Luna.
Aunque no se produjeron daños personales, gracias en parte a que el episodio se desarrolló durante la noche y la población estaba en sus casas, el meteorólogo recordó que no por ello debe celebrarse que ocurriera de madrugada: «Yo creo que aún es peor a esas alturas de la noche, porque no puedes prepararte y está todo el mundo durmiendo", ha detallado. Además, insiste en que lo único que se puede hacer en estas situaciones con tan poco espacio de tiempo es, si se tiene constancia de un fenómeno así "poner a salvo a la gente".
El meteorólogo también subrayó la dificultad de prever fenómenos de esta magnitud. Las herramientas actuales permiten seguimiento en tiempo real, pero no anticipan la trayectoria de tormentas como las supercélulas. «Sin ir más lejos, cuando estaba empezando a producirse la precipitación en toda la zona del Bajo Aragón y el resto de comarcas, yo estaba dando el tiempo en Aragón y se veía una tormenta muy intensa, registros ya muy importantes, pero lo que no se podía saber era la repercusión que iba a tener en los ríos".
La tormenta de este fin de semana dejó una huella profunda en el territorio y evidencia que, en un contexto de cambio climático, episodios extremos como este pueden repetirse con mayor frecuencia. "Son muchas circunstancias las que se dieron en esa tormenta, serán los técnicos los que tengan que valorar lo que pasó", ha añadido el experto.
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