La aparición de la gripe aviar en la comunidad autónoma y las restricciones que ha puesto en marcha el Gobierno de Aragón han hecho que los ganaderos y empresarios del sector avícola hayan reforzado las medidas de protección para evitar que la enfermedad llegue a los animales. Una de ellas es Huevos Lagunas en Samper de Calanda. Ahora mismo, la empresa cuenta con 18.000 pavos y 46.000 gallinas ponedoras en dos explotaciones separadas.
Si allí entrara la enfermedad y uno de los animales se infectara, en un periodo de cinco días habría que sacrificar a todos los ejemplares. Además, se establece un perímetro de unos cinco kilómetros en el que todos los animales estén en cuarentena para garantizar que no continua la propagación. «Tenemos miedo porque tenemos dos explotaciones que están a unos cinco kilómetros entre ella. Si la enfermedad entrara en una, las dos se verían afectadas», explica el propietario, Carlos Lagunas.
A nivel económico, los propietarios hablar de «una completa ruina». La perdida de la explotación se traduciría en cifras de entre 800.000 euros o incluso un millón. Además de las pérdidas monetarias, se añade también el laborioso proceso para que la explotación vuelva a contar con animales. «La explotación tiene que estar seis meses aproximadamente en vacío sanitario. Se limpian las naves, se gasean y hay que meter aves testigo unas semanas para asegurar que el virus no está presente. El ciclo completo no se recuperaría hasta 8 o los 12 meses después», apunta Lagunas.
Para evitar esta situación, los empresarios están tomando precauciones especiales. Así, la explotación se divide en la zona sucia y la zona limpia. Tienen ropa específica para entrar a la explotación, en el interior hay dos duchas y solo una persona de toda la empresa está en contacto directo con los animales. «Hay un pediluvio pequeñito para pisar encima. Primero te tienes que poner las calzas, pisar y entrar», relata Lagunas.
Sacrificio total de los animales
El empresario asegura que aunque la granja no está en una zona de paso de tránsito de migración de aves silvestres que puedan contaminar la zona, la situación sigue siendo muy preocupante. «La verdad es que estamos bastante asustados. Tenemos conocidos en el centro de España que se han visto obligados a sacrificar a todos los animales: más de 80.000 gallinas ponedoras», apunta Carlos Lagunas.
La incertidumbre también marca la crisis, el responsable de la empresa asegura que «nunca se había dado una situación de este calibre». «Mi padre empezó la explotación de gallinas ponedoras en el año 1965 y mi hermano Fernando y yo nos hicimos cargo en el 1987 y nunca nos habíamos plantado ante un peligro como este», recuerda el propietario. Asegura que la muerte de un animal, hace tres décadas, era algo puntual, casi anecdótico. «Se morían las que se tenían que morir y ya está porque había venido ya con algún problema que la condicionara», concluye.
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