El yacimiento Roquizal del Rullo de Fabara ya puede visitarse tras un siglo en el olvido. Los trabajos de recuperación y musealización han finalizado con la señalización del enclave y la inclusión en la Ruta de los Íberos del Bajo Aragón. El catedrático en Prehistoria, Gonzalo Ruiz Zapatero visitó este enclave al que dedicó una tesis en 1979.
Volvía este sábado al yacimiento Roquizal del Rullo de Fabara más 50 años después. ¿Qué recuerda de aquel momento y cómo se lo encontró con la musealización ya concluida?
El cambio fue brutal. Estuve en el verano de 1976 para elaborar la tesina que presenté ese mismo año. Cuando un yacimiento arqueológico se excava, lo que queda normalmente son estructuras, restos de muros, casas o alguna fortificación, que podría considerarse el esqueleto. En muchos casos, ese esqueleto se vuelve a tapar o sencillamente se deja al aire libre.
En este caso, el tratamiento que ha tenido el yacimiento del Roquizal del Rullo ha sido ponerle músculos a esos huesos y ha adquirido un aire más realista. La cartelería es magnífica y proporciona la información básica para entender las estructuras y el poblado que tienes delante de los ojos. Nos ayuda a entender todo el paisaje de alrededor para intentar acercarnos a la vida de la gente de hace 2.800 años en ese sitio.
Se han instalado tres carteles que incluyen códigos QR. En uno de ellos, se recogen los momentos históricos más importantes y, concretamente en 1979, aparece su nombre por el estudio del poblado. ¿En qué consistió?
Sí. La tesina la presenté en 1976 y en 1979 salió publicado el resumen como un artículo en la revista ‘Trabajos de Prehistoria’, una de las mejores revista de España. Me hizo mucha ilusión ver algunos de los dibujos en los carteles porque significa que el trabajo que hacemos de investigación sirve para dotar de vida a los yacimientos arqueológicos.
Aunque parezca que están muertos y que son un montón de piedras, no es así. Los yacimientos arqueológicos están vivos, sufren alteraciones, hay que cuidarlos y a veces llevarlos a la ‘UVI’. Todo eso significa algo muy importante: que los visitantes tienen la oportunidad de estar en el sitio, disponer de una información básica. El otro día en el Roquizal miraba, respiraba el aire de la zona y pensaba: esto es sentir la historia y a la gente del pasado.
¿Cómo imagina que era la vida allí?
Un lugar con un montón de casas y familias. En algunos casos, estarían cuidando el ganado por la parte baja; en otros estarían delante de las puertas de las casas: preparando pieles, afilando instrumentos o utensilios. También en el anterior de las viviendas, las mujeres fabricando textiles. Me imaginaba otro elemento importante que a veces olvidamos: gente mayor dando consejos y niños y niñas moviéndose por las casas y alrededores. Un yacimiento arqueológico tiene vida y eso es lo que hay que capturar y sentir.
Es curioso porque el yacimiento del Roquizal del Rullo de Fabara se ha musealizado justo 100 años después de que lo descubriera quien era secretario en aquel momento, Lorenzo Pérez. ¿Cree que hay muchos yacimientos de nuestra zona sin descubrir todavía?
No. La investigación arqueológica en toda el área del Bajo Aragón es pionera en España. Es una de las zonas que fueron más pronto investigadas y tenemos información y conocimiento los trabajos realizados en las décadas de 1910 y 1920 y en los últimos 20 o 30 años, que ha sido muy potente. En parte, por el propio Consorcio del Patrimonio Ibérico de Aragón. Aquí tengo que señalar la figura de José Antonio Benavente, arqueólogo de primera división y que ha estado trabajando incansablemente durante más de 40 años.
Los arqueólogos excavamos y dejamos materiales en los museos, objetos y piezas las publicaciones. En el caso del consorcio y de José Antonio Benavente, la publicación ha sido exhaustiva, amplia, numerosa y, sobre todo, de una grandísima calidad. Si a eso le sumamos que en la zona han trabajado profesores de la talla de Miguel Beltrán y muchos otros profesores y especialistas de la Universidad de Zaragoza, podemos tener una idea de su importancia.
José Antonio Benavente se jubiló hace dos años y ese papel lo ocupa ahora, desde mayo, Jorge Abril. ¿Cómo valoras su gestión? ¿Han servido las jornadas de este fin de semana para estrechar lazos para futuras colaboraciones?
El fin de semana ha sido intenso y Jorge Abril me ha parecido una persona con las ideas muy claras. Tiene mucha capacidad diplomática para tratar las cosas sin desesperarse y sin presionar a otras personas o instituciones. Eso es muy importante en una gestión como la del consorcio. Creo que Jorge va a ser un relevo a la altura de lo que ha sido José Antonio durante todas las décadas anteriores.
¿Qué diferencia al yacimiento de Fabara con el resto?
El yacimiento del Roquizal del Rullo representa un poblado emblemático, característico de los grupos humanos de finales del Bronce y comienzos del Hierro. Es un poblado con materiales arqueológicos fundamentales. En una de las viviendas apareció una colección de moldes de fundición, que estaría representando al herrero, al metalúrgico local, que abastecía de elementos metálicos a la gente del poblado. Podemos observar dos morillos cerámicos decorados. En yacimientos de los Pirineos, del sur de Francia o del centro de Europa, aparecen en escaso número y probablemente tenían un significado ritual en los hogares.
¿Cuáles deberían ser los pasos a seguir para conseguir que la gente decida dedicar una tarde a recorrer la senda, llegar al yacimiento, escanear esos códigos QR y darse cuenta de esa importancia patrimonial?
Trabajar con los escolares porque son el futuro. A ese tipo de iniciativas, a veces, los propios arqueólogos y especialistas no les damos mucha importancia porque consideramos que son tareas menores, y es un error. Son fundamentales. Si queremos seguir haciendo investigación y presentando resultados, hay que conseguir que lo que investigamos sobre la gente del pasado se conozca, sirva y lo utilice la gente de hoy.
Tienen que sentir que ese pasado es suyo y visitar visitar el yacimiento del Roquizal del Rullo puede enseñar mucho a todos los bajoaragoneses y, por supuesto, al resto de los habitantes de España. Es darse cuenta que esa tierra nos enlaza a través de 90 o 100 generaciones con la gente del Roquizal del Rullo.
Con la recuperación del Roquizal del Rullo que, gracias a esa unión institucional, ha sido una realidad esa musealización. ¿Es una práctica habitual?
En otros territorios no es así y en muchas ocasiones no existe esa colaboración. Cada uno puede poner una parte, pero lo importante es que haya una buena relación y conexión en el objetivo fundamental: recuperar y conservar ese pasado y darlo a conocer a cuanta más gente mejor.







