Si hay alguien que no va a olvidar el incendio de Peñarroya de Tastavins esas serán las personas que el domingo tuvieron que desalojar el Hotel Torre del Marqués, el centro Budista de Monroyo y varias masías. Lo hicieron como medida preventiva por el avance del fuego, que ya ha afectado a más de 250 hectáreas. Y aunque la evolución es favorable, este lunes todavía no han podido regresar porque aun no se ha conseguido estabilizar el fuego.
Tener que reubicar a huéspedes y trabajadores es algo a lo que nunca se habían tenido que enfrentar desde el hotel de Monroyo. Afortunadamente, no resultó difícil porque las instalaciones no se encontraban al 100% al tratarse de un domingo. "Los mandamos a otros establecimientos de Alcañiz o Valderrobres para darles una solución. Vimos el inicio de la columna de humo a lo lejos, pero en un principio no te imaginas la magnitud del incendio", explica su propietario, Óscar García.
Además, desde el hotel también han tenido que cancelar reservas que tenían previstas a partir de este martes. "El fin de semana teníamos el hotel completo, pero tendremos que ver qué hacemos. No es momento de venir a hacer turismo al Matarraña", añade. Las autoridades han insistido este lunes en su visita al terreno que los establecimientos no corren peligro, aunque García, sobre todo, siente especial preocupación por los posibles daños naturales: "Un hotel se reconstruye, pero un bosque de 1.000 hectáreas no".

Ocho personas desalojadas en el Centro Budista de Monroyo
El centro budista de Monroyo fue otro de los espacios que tuvo que ser desalojado este domingo por el humo y la cercanía de las llamas. Allí, ocho alumnos participaban en un retiro. Todos ellos tuvieron que terminar de forma abrupta sus actividades para volver a casa. Aseguran que, aunque la orden les llegó por «sorpresa», la evacuación fue «fácil y muy rápida». El temor inicial era poder encontrarse de frente en el camino con un camión de bomberos lo cual hubiera dificultado la salida por la estrechez del camino, pero finalmente todos los vehículos pudieron salir de forma ordenada y sin incidentes.
En cuanto a las instalaciones celebran que las llamas quedaron a las puertas del centro budista. «Teníamos todas las cartas para que se quemara porque el fuego llegó a estar muy cerca, pero los bomberos pudieron apagarlo y estamos muy agradecidos», apunta el Lama Ngawang Wangjor.
Aunque las instalaciones siguen vacías, el propietario espera poder volver a acceder a lo largo del día para evaluar si hay daños. «Las personas que vivimos en el campo y en el bosque sabemos que esto puede pasar, pero la realidad es que el fuego nos hace mucho daño», añade el monje.
"Salimos lo más rápido posible"
Además de estos dos establecimientos, el incendio también obligó a desalojar varias masías de la zona ante la cercanía de las llamas. Entre ellas, la de José Ángel Biel, quien reconoce que salió tan rápido como le fue posible para irse hasta Zaragoza. "El alcalde contactó con nosotros para decirnos que teníamos que desalojar, y no perdimos tiempo", cuenta.
Desde la capital sigue muy de cerca la evolución del fuego, y lamenta cómo en estos casos hay gente que lo pierde todo. "Una cosa es cuando afecta a tu segunda vivienda y otra cuando es tu casa habitual", afirma.









