El olor a quemado todavía permanece en el ambiente y el color negro domina el paisaje que recibe a quienes llegan a Peñarroya de Tastavins. Apenas unos días después del incendio forestal que ha calcinado alrededor de 350 hectáreas, unas 150 dentro del término municipal, el municipio trata de recuperar la normalidad mientras los equipos de extinción continúan vigilando el perímetro para evitar cualquier rebrote.
Aunque el incendio ya se encuentra en nivel 0, las cicatrices que deja en el territorio serán visibles durante muchos años. «Abrimos las ventanas del pueblo y vemos el quemado; es la entrada a Peñarroya y esa imagen tardará muchos años en recuperarse", resume el alcalde, Ricardo Blanch, durante una entrevista en el parte de la zona afectada.
Desde el entorno del Santuario de la Virgen de la Fuente, donde se instaló el Puesto de Mando Avanzado, la magnitud del incendio se aprecia con claridad: laderas completamente ennegrecidas, pinos reducidos a troncos carbonizados y un paisaje que ha cambiado en apenas un instante.
Un viento decisivo
El incendio comenzó el domingo a apenas 500 metros del casco urbano de Peñarroya de Tastavins. Los primeros en acudir fueron los propios vecinos, quienes intentaron sofocar las llamas antes de la llegada de los servicios de emergencia. "Éramos diez o doce personas intentando apagarlo, pero fue imposible. Hacía muchísimo viento y aquello se marchaba por todos lados. La sensación era de impotencia total", recuerda Blanch.
Ese mismo viento que convirtió el incendio en un fuego extremadamente virulento terminó siendo también el principal aliado del municipio. Las rachas, cercanas a los 60 kilómetros por hora, empujaron las llamas en dirección opuesta al pueblo.
José Manuel Belsa, vecino de Peñarroya, siguió el avance del incendio desde su vivienda. "Lo vimos extenderse muy rápido, pero el viento siempre lo llevaba en dirección contraria al pueblo. Dormimos tranquilos porque sabíamos hacia dónde avanzaba el fuego", explica. Aún así, durante las primeras horas la incertidumbre fue máxima.
«Pensábamos que nos iban a desalojar, igual que ocurrió en Fuentespalda", recuerda Carlos Núñez, propietario del bar del municipio. "Había mucho humo, mucho nervio y bajaron vecinos con tractores y coches para ayudar" explica.
Un pueblo volcado
Mientras los equipos profesionales desplegaban un importante operativo terrestre y aéreo, el pueblo respondió de forma espontánea. Las mujeres comenzaron a preparar comida y bebida para los efectivos desplazados y numerosos vecinos ofrecieron sus tractores para colaborar en las labores de defensa del territorio.
"Todo el pueblo participó", resume Carolina Julve, trabajadora del supermercado local. "Abrimos la tienda para preparar agua, cortar jamón, queso y todo lo que hiciera falta para los equipos que estaban trabajando", explica sobre la rapidez con la que respondieron el mismo domingo.
Blanch destaca especialmente esa implicación vecinal y la colaboración entre municipios. "Esto no entiende de límites. Avisamos a los alcaldes de los pueblos vecinos porque el fuego avanzaba muy deprisa y todos colaboraron desde el primer momento", asegura.
Un paisaje perdido durante décadas
Aunque los daños materiales han sido limitados - una vivienda agrícola, una nave utilizada como almacén, sistemas de riego, señalizaciones y algunas líneas eléctricas - el mayor impacto es ambiental.
Las llamas rodearon el Santuario de la Virgen de la Fuente sin llegar a dañarla, una circunstancia que el alcalde considera casi milagrosa. "Ha pasado por los dos lados y no se ha quemado ni una ventana", señala mientras observa el monte calcinado.
La recuperación, sin embargo, será lenta. "Los pinos tardarán treinta, cuarenta o cincuenta años en volver a ser lo que eran. Las encinas también necesitarán décadas", lamenta Blanch.
La prevención, el gran reto
Con el incendio ya estabilizado, el Ayuntamiento comienza a pensar en el futuro. En los próximos días elaborará un inventario de daños y estudiará actuaciones para reforzar la protección del entorno más próximo al casco urbano.
El alcalde considera que el incendio vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural del medio rural: el abandono del territorio. "Antes había muchas más ovejas y ese tránsito mantenía limpio el monte. Cada vez quedan menos pastores y eso se nota. Tenemos que invertir mucho más en prevención", defiende.
También anuncia que el consistorio analizará posibles actuaciones sobre parcelas cercanas al municipio para reducir el riesgo de futuros incendios. Mientras tanto, la vida continúa prácticamente con normalidad. Los negocios permanecen abiertos y el Ayuntamiento confía en que el turismo no se resienta.
"Esto afecta a la vista en este punto, pero Peñarroya tiene mucho más que ofrecer. La ermita se ha salvado y el resto del patrimonio sigue intacto", concluye Blanch. Ahora solo queda esperar a que los últimos rescoldos desaparezcan definitivamente. El fuego se extinguirá en cuestión de días; el monte, en cambio, necesitará varias generaciones para volver a ser el mismo.


















Hace pocos años la Asociación de Empresarios del Matarraña convocó una reunión de alcaldes para entre otras cosas tratar el tema de la suciedad acumulada tras las nevadas de Gloria y Filomena. Era evidente el peligro que conlleva esa acumulación de masa forestal pero los alcaldes les dió igual, solo acudieron los de Valderrobres, La Fresneda y Cretas. De los ayuntamientos afectados de este incendio ni el de Peñarroya, Fuentespalda, Ráfales y Monroyo ninguno acudió. Ahora lo lamentan…
y la asociación de empresarios como iba a solucionar el estado de los montes. No hace falta hacer una reunión para decir que el pinar está sucio. Si nos tiene que salvar la Asociación de empresarios apañados vamos.
Como siempre mostrando su caciquismo.
De verdad crees que la reunión era para decir eso? Mas bien sería para tratar de trazar un plan conjunto para planteárselo a las administraciones superiores. No hace falta ser muy listo.
Lo que no puede ser es que SARGA tenga tan poca plantilla…habría que aumentar empleados y en invierno realizar cortafuegos y limpieza, no tanta reunión de alcaldes ni fotitos para este periódico.
¿Por qué imagino que los alcaldes que fueron a la famosa reunión, sus pueblos deben estar igual sus montes, no?
Pero bueno, así horas que perdieron de trabajo y a disfrutar.
Un saludo.