La tarde de Jueves Santo estaba realmente de Jueves Santo en La Puebla de Híjar con ese murmullo en la plaza y en la calle que lleva al Charif. A media tarde es punto de encuentro de quienes salen de misa con quienes salen de casa y con los que ya han celebrado los primeros reencuentros en un tardeo tan deseado como disfrutado. A las seis y media el sol lucía con fuerza y con agrado porque el viento soplaba fresco. Se hizo justicia con la noche del Martes Santo cuando la lluvia solo permitió el momento del Encuentro en la plaza y apenas permitió avanzar unos pasos al Nazareno por la calle Mayor. Pero este jueves sí, ayer decenas de poblanos recorrieron esa calle con brío primaveral para llenar el salón. No pocos se quedaron de pie y eso que el lugar es amplio, pero es que se entregaba el Tambor de Honor, y ese acto siempre atrae y el aplauso era para dos personas queridas, aunque solo se sabía el receptor del Tambor de Honor. Cristina Vidal Gimeno abrió fuego en el escenario. Además de una voz privilegiada para la jota, siempre que su pueblo la requiere allí está. A ella le entregó el alcalde, Pedro Bello, los Palillos con los que marcó el Cese del Toque el año pasado. En los agradecimientos no se olvidó de sus «compañeros de fatigas», Joaquín Úbeda y Gori Sierra, quienes le acompañan con el tambor y el bombo cuando entona la Jota en el Pregón desde el balcón del ayuntamiento, un momento que hoy se repetirá a partir de las 15.30.
Los tres lo escenificaron en las Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y Bombo en Moratalla, donde La Puebla se presentó como sede en 2026. También se vio el vídeo de presentación, que está narrado por Cristina Vidal sobre las imágenes de Pablo Ibáñez y las ilustraciones de Marcos Balfagón Sierra, quien desde 2015 colabora siempre que se lo piden con su localidad natal. Así lo recordó cuando recogió su Tambor de Honor. Lo recibió de manos del alcalde y del presidente de la Ruta, Fernando Galve, pues suyo es el logotipo del 50 aniversario. Balfagón nació en La Puebla y siempre la lleva en el corazón. Hace las ilustraciones que le piden ya sea para Semana Santa, Arundo Donax, fiestas o para pedir prudencia en pandemia. Su primer recuerdo fue para sus padres, quienes le inculcaron ese apego por un pueblo del que se marchó con un año de edad a Madrid. «Ojalá estuvieran aquí, pero es que la vida tiene estas cosas…», dijo emocionado. Reconoció estarlo nada más subir. Para quienes trabajan en que las cosas salgan adelante y el voluntariado fue el último aplauso. El broche a la tarde lo puso el grupo juvenil de tambores y bombos, pupilos de Gori Sierra, José Antonio Palos y de Alba Gracia que dejaron el pabellón alto antes del Romper la Hora.












