El Museo Minero de la Comarca Andorra-Sierra de Arcos (MWINAS) ha cumplido dos décadas como un proyecto consolidado que ha sabido evolucionar desde sus orígenes voluntarios hasta convertirse en un eje de dinamización cultural y turística en la comarca. Lo que comenzó en 2005 con un grupo de personas que rescataban máquinas desechadas, hoy es un espacio vivo que preserva la memoria minera del territorio y proyecta su futuro con firmeza.
La transformación ha sido paulatina pero constante. «Ahora todo son turistas, y eso es una buena señal», destaca María Ángeles Tomás, técnica de Cultura y Turismo de la Comarca, que subraya cómo el perfil del visitante ha cambiado con los años. Lo que antes era visitado mayoritariamente por vecinos vinculados sentimentalmente al sector, hoy atrae a público interesado por el valor patrimonial e histórico del espacio.
Uno de los pilares fundamentales ha sido el compromiso de la Asociación de Voluntarios del Pozo de San Juan, cuyo trabajo ha sido esencial para mantener y desarrollar el museo. Bartolo Aglio, uno de sus impulsores y único miembro fundador que continúa en activo, recuerda con emoción los inicios: «Al principio parecía que no llegaríamos tan lejos». En aquellos primeros años sumaban cerca de 30 voluntarios; hoy, apenas quedan tres. «Ahora somos pocos, pero seguimos empujando», ha afirmado.
Ese recorrido queda reflejado en la exposición con la que arranca el año conmemorativo 'XX años del MWINAS: 35 imágenes' ordenadas cronológicamente que resumen los principales hitos del museo, desde las primeras jornadas dedicadas al oficio minero hasta la llegada de la locomotora Samper. «No se trata de que sean las mejores fotos, sino de un recordatorio de los pasos que se han dado a lo largo de estos 20 años», explica Tomás, responsable también de la muestra. Una trayectoria que ha requerido una inversión acumulada cercana a 1,5 millones de euros aportados por diversas entidades públicas a lo largo del tiempo.
Sobre el posible aumento de visitantes tras el derrumbe de la central térmica, Tomás reconoce que no se ha notado un cambio especialmente significativo. No obstante, sí destaca una mayor afluencia de personas que ya conocían el museo y han regresado para contemplar las piezas incorporadas desde la central. «Además de su interés histórico y patrimonial, son vistosas porque son muy grandes», ha apuntado.
Durante el acto inaugural, la presidenta comarcal, Naiara Loras, recalcó la necesidad de que esta efeméride no se quede en un gesto simbólico. «Es un día de alegría, pero también de compromiso. No es solo cosa de este año. Hay que mantenerlo vivo con actividades continuas», ha afirmado.
El museo cuenta con elementos clave como el tren minero, la reproducción de infraestructuras reales y un archivo documental consolidado. Un espacio que ha sabido adaptarse y crecer con coherencia, como reconoce también el alcalde de Andorra, Rafa Guía: «Este museo habla de nuestras raíces y merece ser puesto en valor. Debemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado minero porque es de donde venimos».
En esa misma línea se expresó Inma Moliner, consejera de Turismo de la comarca, quien reafirmó el apoyo político al proyecto. «Nuestra propuesta siempre ha sido seguir apostando por este museo desde el primer momento, y lo seguiremos haciendo para que sea un referente tanto comarcal como provincial. Hay futuro como turismo y nos enorgullece ver cómo cada día somos más fuente de atracción», ha concluido.















