A la impresión en tres dimensiones le dedica Pablo Andrés Carela (Alcañiz, 1995) todo su tiempo libre. Estudió Ingeniería Mecánica y trabaja en el sector, pero esta faceta la desarrolla en sus ratos. «Es lo más parecido al típico caso americano de empezar en un garaje», bromea. El común de los mortales se familiarizó con las impresoras 3D en pandemia, a través de personas que las pusieron al servicio de la sanidad para fabricar determinados materiales de urgente necesidad. En ese momento, Pablo ya estudiaba el máster tras acabar la carrera, y comenzaba a trastear con la suya. «Me la compré, me llegó a casa y nos encerraron», dice.
Decidió hacerse con una cuando descubrió que ahí había un mundo con infinidad de posibilidades, tanto para la ingeniería como para el arte. «Siempre he sido una persona con mucha imaginación, pero se me ha dado bastante mal dibujar y las manualidades. Sin embargo, los números siempre se me han dado bastante bien, y al empezar la carrera descubrí las máquinas de impresión 3D. Entre eso, y que me enseñaban a dibujar en 3D, empezó a picarme un poco el gusanillo», explica. «Estaba harto de dibujar cosas en el ordenador y que se quedasen ahí, y empecé probando diseños de internet, sobre todo, artículos de decoración», cuenta. Fue probando y le encontró su utilidad más funcional, y con ella se fabricó cosas del día a día, como por ejemplo, un organizador de cables o una caja de herramientas. Cuando tuvo que cambiar una lámpara de su casa, se metió de lleno en el mundo iluminación. «Surgió por una necesidad pero ahora ya me estoy centrando más en lo estético y no solo en que den luz, porque a todos nos gusta entrar a los sitios y que haya una luz ambiente agradable», añade. En este proceso interviene él únicamente, desde la idea, el diseño y la creación. «Puedes dibujar el diseño y en cuestión de horas o de días probarlo, es rápido», asegura.
Para imprimir existen diferentes plásticos y él emplea uno que se fabrica a base de almidón de maíz. «No diré que es ecológico porque no lo creo, pero va al contenedor de orgánico», apunta. Si algo avanza rápido es la tecnología, y en el caso de la impresión 3D, el alcañizano todavía no le ha encontrado techo. «Hay un sinfín de opciones en muchos ámbitos, desde luego que en el artístico también», apunta.
Herramienta artística
En su regreso a Alcañiz tras estudiar la carrera en Barcelona, ha retomado aficiones que tenía algo aparcadas como la fotografía. «Ahí empezó un poco mi obsesión con la luz. Según cómo hagas la toma, a la hora del día que sea, el mismo paisaje te permite transmitir sensaciones totalmente diferentes», reflexiona. Lo está empezando a retomar motivado por varias amigas. «Al final, los que hemos vuelto nos hemos reencontrado y tratamos de hacer cosas juntos o incentivarnos», añade. Una de ellas es la pintora María Senli, con quien lleva ideas conjuntas en marcha. Y también recibe algunos encargos. «Yo vi un filón en la impresión 3D porque aplicando numeración sale mi diseño, así que, puedo desarrollar mi creatividad y me está gustando mucho», asegura. «En escultura facilita mucho el trabajo en digital o miniaturas. Puedes crear tu escultura, escanearla y tener copia digital para siempre. También puedes hacer tus moldes en 3D… Es un mundo amplísimo», asegura.











