Rumbo a Luxemburgo ha viajado la última obra de Rubén Vidal. Se trata de un cabecero de cama hecho en alabastro y pintado por él al óleo aplicado con muñequilla, una técnica que ya tiene estudiada y sigue investigando. El destino de este trabajo es el dormitorio de una pareja que se quedó prendada del arte del alcañizano al ver su última exposición en una galería de Luxemburgo el pasado octubre después de haber exhibido en Alcañiz. Llevó las láminas de alabastro sobre las que pintó diferentes figuras y paisajes como proceso de una investigación que llevó a cabo durante un año de residencia artística en el Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro (CIDA) en Albalate. Allí regresó para culminar este encargo internacional que recibió en enero.
La encomienda no era fácil por la magnitud, ya que mide 2,40 metros de ancho y 1,30 de alto; y pesa más de 200 kilos. Empezó a darle salida al reto con «muchos viajes a La Puebla de Híjar» a Exportadora Turolense, donde le guiaron y aconsejaron «con infinita paciencia». Había que elegir varias piezas, pero «cuantas menos, mejor para que no hubiese demasiados ensambles». Al final la elegida «se abrió como un sándwich», de modo que coinciden las vetas de un lado y otro y confiere una estética acorde a lo buscado. Una vez ensamblado, se desplazó de Exportadora al CIDA, donde Vidal se había fabricado un bastidor especial con un marco que aguantase estas dimensiones. Lo hizo con ayuda de los hermanos Garralaga, carpinteros vecinos del CIDA, y ahora, una vez en casa de los clientes, irá ensamblado en una repisa de acero. Han sido seis meses de preparativos en los que han entrado en juego diferentes gremios, y un mes de ejecución completa, lo que ha supuesto otro reto que superar. En cuanto tuvo todos estos frentes atados, se puso a pintar. Para el diseño la directriz era que se inspirase en alguna de las obras que expuso en la galería. «Querían ese estilo e hice un par de bocetos sobre la piedra que decidí borrar y, como puedes lijar, parece que vuelve a la vida. Es fascinante y cada vez me gusta más», dice.
Cuadros «muy vivos»
A fuerza de seguir investigando y probando, Vidal dice que el alabastro «te va guiando a través de sus vetas e incluso por el tacto». Trabajó con retroiluminación regulando la intensidad. «Permite avanzar más que si solo se trabaja con luz natural», añade. En Luxemburgo, donde las tablas de alabastro se expusieron en el alféizar de las ventanas en el interior, el público pudo comprobar que estaba ante una especie de «cuadros vivos». Y lo son, tanto porque la propia piedra está viva, como porque según la intensidad lumínica el aspecto cambia.
Pronto regresará al CIDA, del que dice que es el «mejor sitio del mundo para realizar estos trabajos, porque, además de la calidad humana, cubre todas las necesidades de un artista». Volverá el 24 y 25 de julio a impartir un curso de pintura sobre alabastro. Las inscripciones están abiertas y ya cuenta con matrículas. «Es el primer curso con esta temática porque es muy nueva», invita.













