El año pasado Samper de Calanda bebió los vientos por Santa Quiteria. Este año, en cambio, a los presentes les tocó beber agua. Mucha. Porque el viento dio tregua, pero el calor apretó desde primera hora en una jornada de Santa Quiteria marcada por el sol de mayo y la devoción intacta de un pueblo que volvió a salir a la calle para acompañar a su patrona.
Puntuales como un reloj, las campanas marcaron las doce del mediodía y Santa Quiteria volvió a recorrer las calles del municipio entre vecinos vestidos de baturros, familias enteras y samperinos que no quisieron faltar a una de las citas más especiales del calendario local. «Hoy es el día religioso y cultural más importante del municipio», aseguraba Alfonso Pérez, alcalde de Samper.
La imagen de la patrona salió acompañada por la charanga Moncayo, que puso ritmo y alegría a una procesión donde el blanco de las camisas, los pañuelos, los trajes regionales y las gafas de sol convivieron este año más que ningún otro. El calor no dio tregua. Si el año pasado el aire movía faldas y pañuelos, este mayo fueron los abanicos los protagonistas improvisados. Pequeños corrillos buscaban sombra antes de iniciar el recorrido.
Por delante de la patrona estaban también dos de las cuatro Majas de fiestas con sus trajes de baturras, Miriam Marco y Marina Espallargas: «Es una tradición y un momento que esperas desde que eres pequeña».
Tras la procesión llegó la misa baturra en honor a la patrona', con Isidro y Lucía Claver y junto a la rondalla, protagonizando una jota para dar la bienvenida a uno de los momentos más emotivos de la jornada. Las jotas resonaron entre los asistentes. «Preparamos la jota nombrando a Santa Quiteria, al pueblo, a todos los vecinos con mucho cariño», declaró Lucía visiblemente contenta. Dentro, la emoción. Fuera, el ambiente.
Porque Santa Quiteria no es solo religión. También es reencuentro. Es una conversación en la puerta de la iglesia. Son familias que vuelven al pueblo. Esvolver a verse un año más. «La patrona es tradición. También es sentimiento. Pero, sobre todo, es unión. Las festividades tradicionales populares están para unir a los pueblos y las gentes», decía el alcalde de Andorra, Rafa Guia. El nuevo senador autonómico estuvo al lado de Pérez en unas fiestas a las que "siempre intento venir a la feria o a la procesión". Su madre es originaria de Samper. "Sé lo que aman a la patrona", añadía.

Para terminar el pabellón de la calle Nevería volvió a convertirse en punto de encuentro para vecinos y visitantes con el tradicional vino español. Brindis improvisados, saludos pendientes y ese ambiente de cercanía que acompaña siempre a las fiestas de pueblo.














