Si hay un sonido inequívoco de la alegría ese es el de las dulzainas y las gaitas. El sábado en Torrevelilla sonaron de lo lindo por las calles donde volvieron a darse esos cruces y piques entre cuadrillas para ver quién puede más e impone su melodía al resto. Siete ediciones llevan los de Torrevelilla organizando este encuentro y sigue siendo una cita querida. Así lo dejaron claro las agrupaciones que acudieron en un fin de semana «cargado de eventos por todas partes». Con todo, los que pudieron realizaron un esfuerzo extra para acudir. «Y los que no, es que les ha sido imposible de verdad», dice Ana Belén Tomás.
Forma parte de los Gaités de La Torre, la agrupación local que sigue creciendo con la incorporación de sangre joven. A los de Torrevelilla se sumaron el sábado los Gaiteros de Fuentes de Ebro, los Gaiteros de Alcorisa, Os Chufladors de Zaragoza, la Colla Empajuzada de Híjar, los dulzaineros de los Gigantes de Belchite y los dulzaineros de Valdealgorfa. Estos últimos acudieron al desfile y regresaron al pueblo para continuar con los eventos festivos que les esperaban. Porque ya se sabe que donde hay una fiesta hay dulzainas y viceversa. También arroparon entre todos a Belchite, de donde se pudo desplazar uno. «No pasa nada, nos intercambiamos entre los grupos y tocamos, eso no es problema para que deje de venir nadie», añade Tomás.
Pasacalles, cena y convivencia
La primera parada del séptimo encuentro fue la plaza del Ayuntamiento para iniciar el desfile que les llevó por diferentes calles del pueblo con sus incisos para coger fuerzas y refrescar las gargantas. El final del pasacalles fue el pabellón donde realizaron actuaciones de escenario mientras el olor de la cena ya se presentía a la vez que en la barra se iban ultimando las ensaladas. La espera para cenar se hizo tocando con los músicos ya mezclados entre cuadrillas. Con el plato en la mesa, y porque para comer hay que liberar la boca, ya cambiaron las dulzainas por los cubiertos. La noche siguió con el rock local de Los Poputs.










