La representación del Drama de la Cruz de Alcorisa se extiende cada año durante más de dos horas de realismo, nervios… y diálogos. El guion está lleno de palabras pensadas para emocionar. Muchas modificadas con el paso del tiempo, perfeccionadas como consecuencia de una obra que se ha consolidado; pero sobre todo retenidas en la cabeza de Jorge Martín. «Me sé el guion entero», reconoce tímidamente. Y es que el alcorisano no es cualquier integrante de la representación. Ha actuado 'de pueblo', ladrón, flagelador… incluso llegó a ser el primer vecino encargado de interpretar a Cristo durante tres años seguidos. «Llevo participando desde el 81, casi los mismos años que tiene el propio Drama de la Cruz», afirma entre risas.
Tanto es así que estos últimos 24 años también ha ejercido como presidente de la asociación cultural que hace posible la obra, un cargo del que se despidió la pasada Semana Santa y por el que este sábado recibirá el Tambor de Honor. Mario Nuez es quien recoge a partir de ahora su testigo. «No desaparezco, solo me lo tomo como un cambio de rostro en ese papel que ocupaba. Ahora soy una especie de emérito, un asesor… Lo disfrutaré de otra manera», expresa.
El periódico La COMARCA se citó con él para hacer un repaso de estos años, y al final de la conversación, un martes cualquiera de marzo en mitad de un bar, Martín no tardó en emocionarse: «Siempre recordaré cuando me dijeron que el Drama une personas. Más que una representación, es algo que te permite entablar relación con gente con la que probablemente nunca llegarías a hablar. Recuerdo entrar y forjar amistad con vecinos que ahora ya no están, y que todos recordamos. Eso es lo más bonito que me voy a llevar siempre».
A diferencia de los tiempos actuales, cuando prácticamente no hay alcorisano que no haya participado por lo menos una vez, Jorge empezó su andadura en el Drama a raíz de una visita al colegio en la que los primeros organizadores buscaban personajes. Lo cierto es que probablemente ninguno de ellos se llegó a imaginar en lo que el Drama se convertiría años después. «No existía ni la asociación cultural. Vinieron al colegio, nos dieron una tela, hicimos una túnica y salimos entre amigos», recuerda el Tambor de Honor.
Jamás olvidará las primeras ediciones, cuando cada personaje debía ir enchufando y desenchufando su propio micrófono. «El Cristo llevaba un cable que le salía por debajo de la túnica, y que tenía que enchufar a una caja en cada escena», cuenta Martín.
Desde entonces todo ha evolucionado, tanto megafonía, vestuario y la propia representación en sí; y él ha sido fiel testigo de ello. Incluso se han ido mejorando las palabras y gestos más pequeños, detalles en lo que siempre ha querido trabajar al ser lo que diferencia cada edición. «El guion no tiene nada que ver al de los primeros años. Cada escena también está ya muy asentada, pero siempre se hacen cambios. El gesto que hace Judas cuando le entregan las monedas, por ejemplo, se modifica y se le da un estilo diferente cada edición. Así es más especial tanto para el que lo ve, como para el que interpreta. El siguiente gran paso creo que será conseguir la emisión en directo en televisión», afirma.
No ha habido edición que no haya sido especial para Martín, conocedor de todo aquello que pasa desapercibido por muchos. «Cada año le recordamos al carnicero que nos guarde sangre, que es la que empleamos en la representación. También contamos con la ayuda de unos vecinos que siempre dejan una zona de sus olivos sin podar para cedérnoslos poco antes para tenerlos frescos para la obra», desvela.
Por destacar alguno podrían mencionarse los tres años en los que el alcorisano ejerció de Cristo, el papel más relevante de cara al público y que acabó repitiendo por la climatología. Y es que no fue hasta el tercer y último año cuando el sol se dignó a salir. «El primer año hizo muchísimo frío, y el momento de la crucifixión no se hizo. Al siguiente llovió, y aunque la representación se terminó, tampoco nos pudimos quitar la túnica. Recuerdo que me dijeron 'tú tienes que seguir', y ya al tercer año conseguimos un buen día, y todo salió bien», cuenta Martín.

Todo ello siempre lo ha vivido acompañado de su familia, implicada desde siempre en el Drama, tal y como queda reflejado en las fotografías que acompañan estas líneas. Fueron el regalo que le dieron a Jorge en la pasada Semana Santa, cuando se despedía el cargo con un final agridulce. La representación del Drama, casualmente, tuvo que cancelarse también por la misma mala climatología que en su momento le obligó a seguir actuando como Cristo hasta en dos ocasiones más de lo habitual.
Pese a ello, Jorge no se arrepiente de su decisión. Quería dar paso a nuevas generaciones, y su despedida ni siquiera es una como tal. Seguirá viviendo el Drama y sus preparativos desde dentro, tal y como lo ha hecho desde hace más de 24 años. «Más tranquilo», pero con la misma implicación por la que este año Alcorisa entera le ha querido reconocer.







