El incendio forestal que durante toda la semana ha mantenido en vilo a Ejulve y otras localidades cercanas sigue dejando historias a su paso. Tras la reactivación que se vivió durante la noche del sábado, las llamas llegaron a estar muy cerca de los núcleos urbanos. A menos de 500 metros se quedaron en Cuevas de Cañart, una de las cinco localidades que tuvo que ser desalojado por seguridad. Allí, no solo las viviendas estuvieron en peligro, también las lenguas de fuego cercaron la ermita de San Juan, un pequeño templo donde los vecinos celebran la festividad cada año y al que guardan un especial cariño. El fuego se acercó mucho pero fueron tres vecinos de Berge los que consiguieron frenar el avance.
«No nos quedó otra que entrar, era la única forma que teníamos de llegar hasta allí y poder salvar la ermita», explica Iñaki González, uno de los artífices de la proeza. Junto a otros dos vecinos fueron los primeros en llegar a la ermita. Su condición de cazadores y vecinos del territorio les permitió llegar hasta el lugar incluso antes que los forestales y encontrarse con el fuego ya cerca de la edificación.
De camino, armados con un batefuego y una rama de grandes dimensiones, los tres voluntarios se encontraron con una corriente de agua. «No caímos en que estaba allí, no teníamos cubos, solo la olla con la que Jose Ángel le da de comer a los perros y nos costó un ratico pero pudimos apagarlo», recuerda el jóven que asegura que nadie había llegado todavía hasta allí.

Añaden también que tuvieron que bajar hasta la ermita bordeando el fuego y con la precaución de saber que las llamas podían propagarse rapidamente. «Nosotros conocemer los caminos, ibamos los tres en un solo coche y siempre estaba listo para salir rápido, con el morro listo para arrancar», defiende González. La necesidad de actuar surgió ante la falta de efectivos para enfrentar la magnitud del fuego. «Había muchos frentes, iba hacia muchos lados y había que ayudar a salvar el monte que es de todos. Solo intentabamos salvarlo», defiende el jóven.
A las 14.00 comenzaron a trabajar con los agricultores que realizaban costafuegos para proteger las Grutas de Cristal de Molinos y a la tarde trasladaron sus acciones a Cuevas de Cañart donde el fuego también amenzaba. 12 horas después, en torno a las 2.00 con la situación más controlada, se encontraron con los vecinos que vigilaban el avance desde Cuevas. «Les sorprendió que vinieramos de la ermita, no sabían que el fuego habia llegado allí, nos dieron agua fría y los forestales bocadillos para cenar», agradece el jóven.

Otros incendios en el territorio
A sus 29 años, no es el primer fuego al que se enfrenta Iñaki, el año pasado Berge también registró un importante incendio forestal en el que también colaboró. «Los forestales saben que podemos ser de ayuda porque conocemos los caminos y siempre nos explican como actuar con seguridad. Hay que ser muy conscientes del peligro que supone», añade.
En cuanto al gran fuego que ya vivió la sierra de Majalinos en 2009, cuando Iñaki tenía solo 12 años, recuerda como desde Berge se veía el fuego avanzar y que la ceniza llegara hasta su pueblo. «Es una imagen que se te queda para siempre grabada en la retina», concluye.









