La Casa de Belmonte sigue siendo elegido por escritores, tanto noveles como experimentados, como el lugar al que retirarse un tiempo a tratar de tú a tú a las musas. En el refugio para escribir más de un centenar de personas desde que abrió hace cuatro años han encontrado el renglón que seguir ante un atasco. Durante el año hay estancias y talleres específicos presenciales y online, y en el punto de mira ya se ha cruzado la IA. Se han planteado algunas iniciativas en las que se prevé profundizar en los próximos meses en las que estudiar la Inteligencia Artificial como una herramienta más. Además, desde la Casa que tiene a María Ruiz al frente convocan la beca para que escritores noveles vivan una estancia para desarrollar su idea. La primera edición se celebró en 2021 y desde entonces es un punto de encuentro para personas de toda procedencia. La cuarta edición salió adelante aunque con una campaña de micromecenazgo. Gracias a esta generosidad, Natxo Medina, Sergio Valera y Luis Ángel Estalayo pudieron alojarse dos semanas antes de que el otoño asomase. Si en otras ocasiones el trío fue femenino, esta vez coincidió en masculino y con abanico de ideas muy diferente dentro de que el tema a desarrollar es común para todos. Esta vez, las bases de la Casa de Belmonte pusieron como tema la huida.
Medina, zaragozano de nacimiento y barcelonés de adopción, se presentó con ‘Unos ojos peculiares’, una novela «de misterio pero sin ser un thriller» que habla de Silvia Pardo, una mujer de 42 con una vida resuelta y de éxito con su trabajo y su familia pero con la que no está contenta «y se supone que debía estarlo». Termina de cambiar en cuanto aparece una señal que le lleva a mover un pasado en el que su pareja de años desapareció. Guarda algunos puntos en común con la huida que plantea el palentino Estalayo para su protagonista que diseña maniquíes. También tiene una vida perfecta pero, «lo que le han vendido como la línea recta a seguir es un círculo al que da vueltas ya sin sentido y huye. Es potentón, triste y gracioso», ríe el más joven. A su lado, Sergio Valera, procedente de Cataluña, reconoce que su estilo es más satírico y que llegó con anotaciones pero sin nada empezado. No obstante, el primer día en la casa ya escribió casi 2.000 palabras. Narra la desesperación del protagonista que queda en coma y «se lo pasa bien dentro de su cabeza» hasta que escucha la voz de su hija. «Quiere despertar pero no puede huir», cuenta.
De ayudarles con el orden se encargó la escritora Mercedes Romero Russo, que voló desde Buenos Aires para impartir talleres en Europa y se detuvo varias semanas en Belmonte tras escuchar la petición de María. «En la beca no encajaba pero buscaban una figura que sí se adaptaba, es lo que hago en talleres», sonríe. Fue la elegida como guía para compartir los avances y ayudar en el proceder. Contaba con la opinión de Tamara Grosso, poeta argentina y amiga que ya estuvo en la Casa. «Yo estaba en una crisis de identidad y enfocada en mi proyecto de un libro de cuentos. Me recomendó 100% venir un tiempo», añade.
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