La importancia de la gastronomía "de toda la vida", así como la memoria gustativa, "aquella que marca a los seres humanos", es lo que marcó este sábado en el Liceo de Alcañiz la entrega del Premio Darío Vidal Llisterri. La cita, que busca reconocer a aquellas personas que sobresalen por su contribución a la conservación del patrimonio agroalimentario aragonés, distinguió en su quinta edición a Félix Martín Serrano, ganadero de Monteagudo del Castillo y cuya labor ha permitido la recuperación y conservación de la raza autóctona vaca Serrana de Teruel. Este año, además, también se innovó con una mención honorífica a Plácido Agud y Carmen Anglés, matrimonio octogenario de La Portellada cuya vida entera está ligada a la huerta tradicional.
El acto de entrega de ambas distinciones, dirigido por la periodista y directora del Grupo de Comunicación La COMARCA Eva Defior, sirvió para reflexionar sobre el papel que ganadores y nominados llevan décadas ejerciendo para el patrimonio agroalimentario. Con sus discursos, además, seguro que más de uno recordó aquellos platos preparados por los abuelos, y que tanto marcan la vida de uno. Félix, en su caso, subió ligeramente emocionado al escenario para agradecer el premio y, sobre todo, desear que los jóvenes continúen con estas labores para el campo, «vitales, y para las que ya tienen el camino hecho».
Heredero de una familia ganadera, su labor arrancó en un momento especialmente crítico para la raza, cuando la introducción de vacuno de mayor rendimiento había desplazado casi por completo a la Serrana. «Apenas empecé con 6 vacas… ahora tengo 150», reconoció. Su trabajo constante, minucioso y comprometido —desde la identificación genética y selección de ejemplares hasta el cuidado de los animales del proyecto público durante años sin apoyo administrativo— ha permitido recuperar los distintos ecotipos de la raza, incluido el atigrado, del que hoy mantiene la mayor parte de ejemplares existentes. Su figura se ha convertido en un referente indispensable para la ganadería extensiva de Aragón, motivo por el que fue reconocido este sábado.

La novedad de esta quinta edición la protagonizó Paqui Agud, hija del matrimonio octogenario de La Portellada que acudió en su nombre a la cita. En su caso, ambos conservan y cultivan variedades vegetales locales, elaboran sus propios planteros —que reparten generosamente entre vecinos— y transmiten conocimientos que durante generaciones han sostenido la agricultura familiar en el medio rural. «La huerta más bonita del pueblo es la de mis padres», dijo Paqui ante la risa de los presentes. «Me han enseñado que los alimentos de casa son los buenos. Ellos están orgullosos de tener su huerto. Se levantan y van hacia allí», añadió.

El acto de entrega del Premio Darío Vidal Llisterri contó igualmente con la presencia de los familiares del periodista y gastrónomo fallecido en 2020, entre ellos su hijo Rubén, quien remarcó la importancia de que este premio regresara en 2023 a la capital bajoragonesa después de celebrarse en Sariñena. «Hablo muy a menudo con mi padre, y sé que está contento», dijo. «De sus enseñanzas siempre recordaré un tiempo de cocción que me dijo una vez: «esto se tiene que cocer un poco más de menos de media hora». No parece un tiempo exacto, pero lo es», añadió. A él se unió el alcalde de Alcañiz, Miguel Ángel Estevan, quien destacó la importancia de que la cuna de Vidal fuera Alcañiz.
La cita también contó con la intervención de Ismael Ferrer, impulsor de la cita, cocinero e investigador en cultura alimentaria aragonesa, autor del texto 'Un premio para fomentar la vía de entendimiento', que abrió la ceremonia con un discurso reflexivo sobre el papel del alimento en la construcción colectiva, la importancia de proteger los oficios tradicionales y la necesidad de recuperar la conciencia sobre el valor del territorio, la memoria hortelana y la libertad de elección alimentaria. Ferrer subrayó que este premio «abre los ojos y muestra el equilibrio que debe darse entre el mundo rural y el urbano», apelando a la responsabilidad compartida para preservar semillas, razas y saberes en riesgo de desaparecer.
Para cerrar, el público pudo disfrutar de la participación del chef con Estrella Michelín, Samuel Moreno, del restaurante Molino de Alcuneza (Guadalajara), quien ofreció una conferencia en diálogo con el público sobre sostenibilidad, territorio y el valor de la cocina vinculada a los productores locales. «Aunque parezca pequeño, si encontráis a alguien que pueda conservar algo, es más que valioso», dijo.
Otras candidaturas valoradas
Además del ganador y de la mención honorífica, el jurado ha valorado el trabajo del resto de candidaturas finalistas, entre las que se encuentran proyectos ligados al mantenimiento del paisaje, la ganadería de montaña, la artesanía alimentaria, la cría de razas autóctonas y la cocina de raíces.
Los hermanos Pablo y Santiago Lamora, de Villanova, representan la continuidad de Casa Chirón, dedicada a la ganadería de montaña desde 1886. A través del proyecto Ternera del Pirineo, combinan tradición, innovación tecnológica, manejo extensivo y recuperación de bancales y fincas en desuso, además de impulsar productos tradicionales como la manteca de ternera.
Las hermanas Antonia y Conchita Molina, de Caspe, son la tercera generación de una familia dedicada desde mediados del siglo XX al aderezo de aceitunas y la elaboración de conservas vegetales, contribuyendo a mantener un oficio arraigado en la comarca y una industria artesanal con gran implantación en Aragón.
Joaquín (Choaquin) Peralta, de Alcorisa, carpintero de profesión y agricultor por vocación, conserva más de una docena de variedades hortícolas locales y cría diversas razas autóctonas de corral y ovino, entre ellas gallina Serrana de Teruel, gallina del Sobrarbe, pavo oscense, cabra celtibérica, Churra Tensina, Segureña y Ojinegra. Su labor combina huerta, biodiversidad y tradición ganadera.
Completa la nómina de finalistas Concepción Callejas, chef formada en la Escuela Hofmann y el Basque Culinary Center, con amplia experiencia internacional y una cocina basada en las plantas originarias y olvidadas. Actualmente, dirige la propuesta gastronómica del Santuario de la Virgen de la Fuente, en Peñarroya de Tastavins, centrada en la cocina de raíces, la botánica y la memoria del territorio.
El Premio Darío Vidal Llisterri está impulsado por el ayuntamiento de Alcañiz bajo la dirección del profesor de gastronomía, Ismael Ferrer. Se creó en 2020 para reconocer a personas cuya labor sobresale por su contribución a la conservación y recuperación del patrimonio agroalimentario aragonés. La distinción rinde homenaje a Darío Vidal, escritor, periodista, crítico gastronómico y uno de los grandes valedores de la cocina tradicional de Aragón, cuya obra reivindicó siempre el papel de la memoria culinaria y la sabiduría popular como elementos esenciales de la identidad aragonesa.











