Acepta con una amplia sonrisa la definición que le dedicó Fray Fernando Ruiz cuando la semana pasada dio su nombre como siguiente protagonista de esta sección. «Es el padre de la fotografía nocturna en este territorio», dijo de su amigo. Y él no lo niega por una razón. «Empecé hace ya unos años y no había nadie en quien fijarme», argumenta Luis Pitarque (Alcañiz, 1968), una persona a la que la cámara le cambió la forma de mirar y habitar su entorno.
Es frecuente encontrarlo en quedadas o colaborando en lo que se requiere de él y, ahora con el eclipse a la vuelta de la esquina, guiando algunas sesiones con otros compañeros y explicando curiosidades y regalando consejos. Ubica sus inicios en su niñez trasteando con la cámara familiar, pero no fue hasta la explosión de la era digital cuando se metió de lleno. «Me aficioné porque el aparato te muestra los parámetros y puedes investigar mucho», dice. «Soy muy autocrítico y esa información que ofrece lo digital me sirve para tratar de mejorar», añade.

Fotografiando en la noche se siente cómodo y se desenvuelve con admirable soltura. «Pero lo mío no es la astrofotografía», advierte. Lo suyo es fotografiar el cielo y las estrellas entre el atardecer y el amanecer, pero siempre con un elemento del entorno. Tampoco suele viajar lejos con el fin de fotografiar. En este sentido es muy fotógrafo kilómetro 0, de cercanía.
«Cuando pruebas de noche y descubres la larga exposición, te das cuenta del mundo de detalles que te pierdes», sonríe. Todo eso permanece invisible al ojo humano hasta el momento del revelado en el ordenador, un rato que reconoce disfrutar igual que el de la sesión. «El mayor placer de esta afición llega cuando te sale la foto que habías planeado y que tanto deseas», admite.

Recuerda que tuvo su tiempo de perseguir tormentas y eso le dio una de las fotos más compartida en redes sociales y comentada con tres rayos iluminando Alcañiz de forma muy estratégica.
Sale a fotografiar cuando el trabajo y la vida se lo permiten, pero cuando lo hace exprime la oportunidad al máximo. Practica varias modalidades, como las panorámicas de la Vía Láctea. Disfruta pintando con luces -el llamado light painting-, un estilo que requiere de una producción y ejecución laboriosa pero a la vez divertida. «Además de vestir de negro, hay que moverse con una linterna entre el objeto para que salga iluminado. Todo lo hago manual, hasta ajustar la temperatura, y visto desde fuera tiene su gracia», ríe.

Tiene querencia por las ruinas arquitectónicas, por los coches y, desde luego, por el paisaje. Por su objetivo han pasado también los dinosaurios de Las Parras de Castellote, «unos personajes enormes» que costó lo suyo encuadrar. No es casual, que la Asociación Turismo Bajo Aragón le nombrase Embajador en 2019, un reconocimiento que recibió de sorpresa en la gala.
Otra fotografía especial donde las haya es la de los arcos que aguantan sumergidos en el embalse de Calanda. Los inmortalizó con la Vía Láctea cuando el brutal descenso de caudal del año pasado los dejó al descubierto. De noche y sin cobertura, fue acompañado por Juan Carlos Peguero, de Ariño, «un fuera de serie internacional», dice con orgullo. En su página web (luispitarque.com) -un espacio diseñado por el alcañizano Sandro Sánches- y en sus redes sociales, Pitarque deja muestras de las estampas que va captando.










¡Bravo Luis!
¡Hay vida más allá de Motorland!