Con sus botas rojas puestas y una nariz de payasa siempre a la vista, intenta enumerar todos los proyectos en los que está metida. Para asegurarse echa mano de una libreta en la que ha apuntado todo lo que no se quiere dejar en el tintero. Sonia Bel Faci (Valjunquera, 1972) siempre tiene papel y bolígrafo a mano, tanto para escribir sus cuentos y relatos, como para verter ahí los pensamientos que no quiere que le interfieran. «Diez minutos antes de ponerme a escribir hago escritura para liberar», dice.
Hábitos así los ha ido aprendiendo con el tiempo y dejándose guiar, porque no hace mucho que dejó explotar su vena artística. En el instituto hizo teatro pero lo dejó y, aunque siempre tuvo claro que acabaría escribiendo, no sabía ni cómo ni cuando. Al entrar en los 40, cuerpo y mente le dijeron que ya era hora. «En mi línea de hacer mil cosas de vez tuve que parar. Vivía en Alcañiz, me vine a Valjunquera, mi pueblo, y decidí que tenía que hacer lo que yo quería», explica. Comenzó por retomar el teatro de la mano de Sonia Lanuzza, que creó un grupo con madres y padres de estudiantes del CEIP Concepción Gimeno (entonces Emilio Díaz). Ahí apareció Me Va Me Va. «¡Qué bien nos lo pasábamos! Nos reíamos mucho. Aunque vayamos haciendo nuestras cosas, Me Va Me VA está ahí», apunta.
Recuerda la primera reunión en el Liceo y se ve «muerta de vergüenza» pero decidida. «El teatro me sirve para liberar… Me pongo la nariz de payasa y me transformo. Esas tablas te sirven en la vida», sonríe. «Y mis botas rojas son mi fetiche si se trata de actuación», indica. De hecho, aparecen incluso en su marca personal obra de Másquerojo estudio, y en la web que cuida el alcañizano Sandro Sánches así como en sus redes sociales y especialmente un cuidado perfil de Instagram. Siguió en su liberación y se unió a Sonia Lanuzza y Merche Pardo en la extinta ‘Cucarachona’. En 2014 fundó casi sin querer el grupo de teatro Chirinola de Valjunquera. «Me llamaron las mujeres para pedirme ayuda con un show de Santa Águeda y aquí seguimos. Llevo a unos 30 alumnos entre el grupo de adultos, el de jovencicos y el de los pequeños desde los tres años», apunta. Ensayan todo el año y el momento cumbre es el espectáculo de verano. Pero se apuntan a todo y el sábado 9 estuvieron estarán en la Maratón Solidaria de Cuentos de Alcañiz.
El despertar del territorio como escenario de cine la pilla en plena forma. Es figurante en ‘La Furia’, de Gemma Blasco que incluye Torrevelilla como escenario, y en ‘Tierra Baja’, de Miguel Santesmases, comparte escenas con Aitana Sánchez-Gijón. «Verla trabajar fue un máster, y creo que los locales les aportamos la naturalidad de vivir un momento único como es hacer cine», reflexiona. Fuera del set ambas compartieron conversaciones «como mujeres de 50 años». El año lo empieza rodando como protagonista ‘Vidas incompletas’, dirigida por el andorrano Javier Alquézar y con Óscar Pérez en producción.
La llegada de ‘Daniela al natural’
Casi a la vez que los 50 llegó ‘Daniela al natural’, su hasta ahora primer libro. En mente tiene un cuento que sabe que saldrá pronto. Empezó por la escritura emocional con Sofía Alonso y pronto encontró la creativa de Sara Suberviola, que sigue siendo su mentora. «También estoy en Zaraletras, y es que a casa no te van a venir a buscar. Creo que hay que rodearse de gente que sume y tener la humildad de aprender», dice. Ya dejó en un cajón el cuento de Manuela Locuela que escribió en el confinamiento, y la que salió fue Daniela hace dos años. Le dio vida a dúo con su sobrina y artista de Beceite Joana Boix, que ilustró la historia de una mujer que cumple 50 el día que empieza su diario. «Mi cambio fue a los 40 y Daniela supuso creérmelo y quererme yo más», reflexiona.
En un futuro sabe que escribirá sobre la locura, un tema que le apasiona, y sabe que acabará dando forma a los cuentos que va creando sobre ‘Mamá Natura’. También le tienta la narrativa oral. Ha empezado el año rodando y escuchando con atención junto a su hijo y a Esperanza Miravete a los mayores de Valjunquera. Quieren recoger las historias y cuentos que les contaban de niños y contribuir a preservarlos. «Es que soy contadora de historias, es lo que más claro tengo que soy en la vida», concluye.







